Cocino porque me relaja, porque comparto lo que cocino con las personas que quiero, porque derivo de una familia donde el abrazo se manifiesta en recetas de cocina. Cocino porque espero que ella regrese algún día, esa era la forma de decirle te amo, y siempre pienso que debo servir un puesto extra para todos mis ancestros, que desde el Cielo comparten también los alimentos cotidianos que preparo. Cocino porque así nunca estaré solo, ya que mis ancestros me acompañan en cada almuerzo, desayuno y cena.