Para nadie es una sorpresa que el gobierno haya decidido adelantar las elecciones presidenciales, ya que es evidente que mientras más rápido ocurran, mejor para ellos. Y es que esto es algo muy simple; primero que nada evitan el paso del tiempo, osea, esquivan seguir demoliendo la economía, que seguirá empeorando en temas de hiperinflación y devaluación; y segundo porque convocar ahora al sufragio agarra descolocada y fracturada a la oposición, básicamente en una situación en la que tiene imposible ordenarse y sobretodo unirse para enfrentar una elección de semejante envergadura con la abstención en el horizonte.
Es una realidad que la oposición tiene que discutir si vale la pena participar en una elección sin garantías de transparencia y legitimidad y esto se pone peor cuando cada grupo interno traza su propia estrategia, importandole un comino la del otro. Más allá de esto, es evidente que habrá algún opositor en la contienda, ya que, participe o no la MUD, algún candidato desconocido tendrá delirios de grandeza (véase Maria Bolívar y su ayudadita), por lo que es casi imposible que se dé un llamado de todos a la abstención.
Como si esto fuera poco desastre, lo más probables es que los abstencionistas no se queden de brazos cruzados y armen una campaña de protestas en contra de aquellos que decidan participar, tanto del bando propio como del oficial. Esto lo único que haría es demoler lo poco que queda de 'oposición', ya que anularía la ínfima oportunidad que tienen de ganar, ya que estamos ante un sistema sucio y sin transparencia. Este es sin duda el peor escenario.
En el ojo del huracán aparecen temas como el intento de legitimar la ANC, las sanciones a los funcionarios corruptos del gobierno, y la terrible situación económica, por lo que este es el último cartucho del gobierno para que sus oponentes se sienten a negociar con ellos para evitar llevar al país al abismo político y económico, al mundo primitivo, básicamente. Con esto, sin importar elementos éticos, el gobierno tiene la ventaja, ya que le importa poco y nada tener a la población más pobre y más dependiente de las sobras.
Esto llega a una simple conclusión: es evidente que Maduro y compañía van a hacer una elección turbia, sin respaldo internacional y sin competencia antes de ceder aspectos fundamentales que los mantienen en el poder. De hecho, no es evidente, es una realidad, y ya está aquí. Que Dios nos agarre confesados.