Recordé mi barco hecho de papel que mi mamá me enseño hacer, y una bicicleta de juguete que imaginaba que era real.
Recordé la chimenea donde entra Santa Claus que era tan alta que llegaba al cielo, una hermosa sirena que cantaba en una piedra en el mar por aquellas tardes.
Mi bicicleta la hacía volar, así como vuela la espuma de jabón que los rayos del sol hacen que los colores resalten.
En mi cofre, pude ver mi barco, pude ver mi bicicleta… recordé que en la chimenea están los que son fuertes para no llorar, y los que en silencio callan para no herir.
Mi barco y mi bicicleta es lo que las palabras contemplativas quieren hacerme ver. En cuanto a la chimenea, es la ciudad donde estoy, donde habitan los poetas que escribieron letras con rostro de luna.
El poeta no puede olvidar el rostro que ama, con su puño y letra cantan al cielo la sonrisa que saluda. Así me pasa a mí, con mi barco, mi bicicleta y la chimenea, que son aves y aromas que hace alucinar mi sentido y me duele en la distancia.
La chimenea, mi barco, y la bicicleta; es Venezuela, es su pueblo y soy yo. Es que siento el abismo de una nación que no es tuya; sin ser de nadie. Y que es más de nadie que tuya. Mientras en tu mente vive el recuerdo de una ciudad que día a día se hace menos tuya, y te das de cuenta que es más de nadie.
Escrito por Jhon A. Romero.-