No podemos estar en el estado de esquizofrenia frecuente, nuestra nación está ahogada de reclamos y necesitamos darle oxígeno para que como el fénix reviva en la grandeza. La democracia es acción y compromiso solidario, y no una aspiración fortuita. La existencia de demócratas revela el comportamiento de lo que en apariencia se muestra como un aparato funcional de instituciones. Hagamos democracia desde lo cotidiano. Respetemos la vida privada, trabajemos en función del interés personal -éticamente valorado- y pensemos en nuestra presencia como parte de un todo articulado. El dolor con el que cada mañana me levanto revela el compromiso con el dolor de quienes caminan las calles de Venezuela.
Las esperanzas se difuminan en una cotidianidad grisácea, desabrida, y de grandes obstáculos. El diálogo trajo y se llevó alegrías, motivaciones y ha dejado culpas y rabias. El hambre no tiene plazos, la desinformación tiene rostro de mentira. La política y sus cosas, la dictadura y sus injusticias. Los jóvenes del país siguen tristes, desarticulados, pobres y muchos con ganas de irse. Otros miles sin ganas de volver.
El rendimiento de la llamada generación milenaria no es el mismo de aquellas naciones que han avanzado en sus democracias. Los jóvenes del dos mil se forman en un sistema con graves índices de calidad educativa, sus ingresos no les alcanza para comer, sus trabajos no compensan sus valoraciones, la pobreza les impacta más que cualquier grupo etario, no adquieren bienes básicos y lo peor; son los que más mueren y matan en el mundo de la delincuencia. A estos jóvenes les cuesta pensar en una familia, por miedo, culpas, incertidumbre.
Los jóvenes de mi país han entrado en un letargo vil, de poca iluminación y muchas contradicciones. Ven, como ninguna otra generación de la historia, las mieles del progreso en las TICs mientras diariamente se comen las verdes a causa de la maldad y el odio hecho gobierno. Ese que les ha impedido conocer la alternabilidad, les ha coartado sus libertades y les ha desmoralizado, alimentando una subjetividad política, de poca letra, de emociones negativas, de escenarios limitados... de un arte liquida, efímera y grotesca. De mucho esfuerzo físico, de limitada concentración.
Los jóvenes de mi país siguen siendo esperanza, pero dentro de ellos y ellas hay un niño y una niña que no deja de llorar, se sienta, suspira y dice a vos baja: "por qué me tocó vivir esto a mí". Hoy los abrazo, y comparto su silencio mientras la superluna aparece como única fuente de iluminación ante esta sociedad hecha toxico.
Escrito por Jhon A: Romero.-
@JhonRmero22