La sociedad y el espíritu se mantiene vivo en una nación. En que podemos llegar a ser tan fuerte, o, el dolor es más enérgico cuando nos sentimos vencidos, porque dejamos de creer. Pero en el momento, en otro lugar, y sin límites, se han concebido mil actos de bondad, cientos de abrazos... y Hay millones creyendo en la esperanza como millones soñando en lo posible. ¿Puede el mutismo ser el comienzo del fin o las puertas al sepelio? De eso todos somos responsables. Sea quien sea, esté donde esté.
El ánimo muere cuando la valentía se encierra hundida y deprimida. La acción se hace individualismo en la duda. Se hace basura en la inculpación que traiciona la solidaridad. La suspicacia en tu sueño es el lugar donde el alma envejece. Donde los organismos caminan sin la mente, y la mente perece en la indecencia. Pero en el que extrañamente existe una oportunidad. Porque siempre podemos ayudar a construir una oportunidad.
Podemos tener recelos, podemos sufrir y tener miedo, pero en la vuelta podemos convertir en fuerza el desaliento. Depende de cómo nos hallemos, depende de quienes nos rodean para abrazarnos. Depende de tu mano amiga. ¿Y sabes qué? eso también es Venezuela: una mano amiga.
La malignidad se hace hegemónica cuando tú, yo y nosotros dejamos de ser país.
Traza ganas en este camino, dibujos de empuje, de aguante. Diseña lo que hasta ahora parece imposible. ¡Atrévete! ¿Este mundo no se ha hecho de imposibles?
Honrado pasos y brazos cruzados; pintando huellas de fe. Pintando los camino de la libertad. Ganemos la partida. Venezuela es una mano amiga.
Escrito por Jhon A. Romero.-