Desde muy chico empecé a rodar por mi país, es por ello que conozco muchas partes de Venezuela, y las cosas que más me han llamado la atención y mi pasión por visitar, convivir y expresar las bellezas ocultas o no de nuestra Venezuela.
Oriundo o nativo de Rubio, un bello pueblo histórico y colonial del estado Táchira, en donde hay bellezas conocidas desde muchos puntos de la historia, en mi pueblo existe el primer pozo petrolero descubierto en el occidente de Venezuela, es un parque conocido como la Petrolea, de donde se extrajeron muchos barriles de petróleo y que ahora es un solo recuerdo turístico.
Pozo Originario
La aventura de "La Petrolea" parece un cuento de hadas. Fue una empresa petrolera casi familiar. El relato comienza con un médico que también era ingeniero y químico, y se llamaba Carlos González Bona, quien recorría a lomo de mula los pueblos del estado Táchira en misión profesional. En 1870, el médico observó en la quebrada La Alquitrana que cruzaba la hacienda de don Manuel Antonio Pulido, un aceite que manaba de la tierra: lo examina y comprueba que es petróleo. Así se lo advierte al hacendado, y le aconseja que lo explote. Por obra del azar y de la magia del destino, la primera compañía venezolana de petróleo nació en una hacienda de café.
"La Petrolea" se convierte en un bullicioso y muy ajetreado centro de producción. En sus terrenos se confunden operadores de la planta con los interesados en comprar.
El 3 de septiembre de 1878, Manuel Antonio Pulido obtuvo una concesión para explotar el petróleo de La Alquitrana, en las cercanías de la población de Rubio, en el estado Táchira, otorgada por el Gran Estado de Los Andes, “para explorar y explotar un espacio de terreno mineralógico de cien hectáreas, en el cual en este espacio, según el derecho concedido, contiene hulla y del que han sacado alquitrán o brea”, como refirió el historiador Rafael Rosales en 1976.
Extractor del crudo
No hubo necesidad de exploración: el petróleo estaba a la vista. La concesión fue otorgada por un periodo de cincuenta años. Para acometer el negocio, Pulido formó la “Compañía Nacional Minera Petrolea del Táchira”, el 12 de octubre, un gran nombre, sin duda, con otros cuatro socios: José Antonio Baldó, Ramón Maldonado, José Gregorio Villafañe, Pedro Rafael Rincones y el médico-descubridor González Bona. La compañía se constituyó con un capital de 100.000 bolívares. En 1884, el Presidente Guzmán Blanco ratificó la concesión.
San Vicente y Río Chiquito potencias turísticas y económicas del Táchira, lugar del parque la petrolea
Uno de los fundadores, Pedro Rafael Rincones, viajó a Pensilvania en 1879 para conocer los pormenores de la industria. Cuando regresó a Venezuela, trajo un equipo de perforación vía Lago de Maracaibo, y del pequeño puerto, desarmado el equipo, fue transportado a lomo de mula y en algunos trechos, por bueyes hasta las instalaciones de la explotación. No corrieron con fortuna, la barrena se rompió al poco tiempo, y tuvieron que arreglárselas con picos y palas. De los pozos poco profundos sacaban el petróleo con cubos o baldes.
Barrena o balancín del extractor
La influencia del petróleo en la vida cotidiana de la región andina debió ser considerable porque como anota Edwin Lieuwen en Petroleum in Venezuela, en 1882 refinaban kerosén, gasolina, y gas-oil para las comunidades vecinas, a las cuales suplían a precios moderados. Constituyó una atracción inesperada, y de distintos lugares acudían visitantes a observar el suceso. “Desde su hacienda La Mulera salió muy temprano un domingo el General Gómez, en compañía de su hermano Don Juancho”, cuenta Rosales. “Allí un peón extrae el viscoso mineral que pronto alcanzará expectativa nacional y mundial. En una totuma, observa el futuro hombre fuerte, aquel material viscoso y negro, que buen auxilio suyo fue en los 27 años de su garra dictatorial”.
“…Desasistida de todo apoyo estatal, esta empresa venezolana tuvo un desenvolvimiento lánguido y al margen del éxito. Inició su producción con algunas docenas de barriles de crudo”. Así escribió Rómulo Betancourt, (1956), y añadió: “En 1912, veintiséis años después de iniciar sus actividades, la producción diaria apenas alcanzaba a unos 60 barriles. Estos son los idílicos comienzos en Venezuela de una industria que allí, como en todas partes, iba después a escribir su historia con sangre, atropellos y exacciones”.