La verdad es que a veces escribo porque tengo conversaciones fabulosas conmigo. De pequeña, podía pasar horas y horas hablando conmigo. Por supuesto, vivía entre adultos y yo no pertenecia a sus conversaciones, así que me inventaba las propias.
The truth is that sometimes I write because I have great conversations with me. As a child, she could spend hours and hours talking to me. Of course, he lived among adults and I did not belong to their conversations, so I made up my own.
Sostenía largas tertulias sobre lo que sea que me pasara por la cabeza. El color verdadero del cielo, por qué me crece el pelo sin mi permiso, cuánto tardan las ballenas en criar a sus hijos y si se jubilan las paradas de autobús. Por qué dicen que hay policías acostados en la calle si nunca los veo y de que están hechas las estrellas.
I had long conversations about whatever was on my mind. The true color of the sky, why my hair grows without my permission, how long it takes for whales to raise their children, and whether bus stops are retiring. Why do they say that there are policemen lying in the street if I never see them and what stars are made of.
No había juicios ni tampoco recriminaciones si nos saltábamos de un tema a otro, si nos distraíamos o perdíamos el hilo de lo que estábamos hablando. Era lindo. Hablábamos para entendernos y entender el mundo con sus cosas. Por eso mismo ahora escribo. De hecho, pasaba tanto tiempo así que rápidamente pasé a estar a gusto conmigo porque aprendí que nos tendríamos para toda la vida.
There were no judgments or recriminations if we skipped from one topic to another, if we got distracted or lost track of what we were talking about. It was cute. We spoke to understand each other and understand the world with its things. That is why I write now. In fact, so much time passed that I quickly became comfortable with myself because I learned that we would have each other for life.
Las historias fantásticas que me narraba ojalá me las acordara. Tendría dos o tres bestseller. Me reía de los chistes más creativos y me inventaba nuevos idiomas explorando a qué sabían los sonidos que mí boca salían. Pantaleta me hacía reír a carcajadas; papaya y Sherezade me parecían suculentas. Aserejé, dejeve de su dejeve ¡una pasada!
Foto original
Era una niña, pensaban que jugaba. Incluso, una maestra llegó a decir que me aislaba. Cuando me tocó el tema de frente, comprendió que se equivocaba. Yo sabía socializar tanto o mejor que otros, porque claro, había hecho las paces conmigo. Lo que para ella era silencio, para mí era un mundo de imaginación. Realizado debate tras debate. Y créanme que no siempre era fácil, porque quién se ha puesto hablar consigo sabe que no siempre se tiene una sola opinión y muchas, muchas veces estas se enfrentan y toca mediar.
A pesar de ello, seguí creciendo y me quedé con el hábito. Lectura, meditación, poesía. Tertulia, diálogo y teorías. Incluso, sentarme allí, imaginariamente y preguntarme "Bueno, pero ¿Qué te pasa? ¿Tú por qué has hecho eso?" Y "¿Vas a dejar eso así?", "Para un momento y tranquilízate, piensa mejor". Me ha servido, porque de grande aprendí que pocos se escuchan a sí mismos, pocos se toleran. Les aterra el silencio. Por eso gritan, tienen malos tratos o no pueden detenerse un poco a estar consigo.
A esos la pandemia les sentó peor. Porque el aislamiento los reencontró con ese desconocido que llevan pegado a la piel desde dentro. ¿Qué tan cómodo eres? ¿Te sientes un hogar? Porque todos se quieren quedar con esa gente que ES hogar. Es cálida, amena, divertida y te reconforta las fuerzas.
De pequeña, admito, estaba sola. Jugaba sola, hablaba sola. Pero sin el peso que significa la soledad para los adultos, porque no era un vacío, sino que estaba llena de mí misma. Yo crecía interminable y eso me gustaba. No me sentía sola porque tenía muchísimo tema por descoser. Por eso, cuando me descubrí siendo leída aprendí, aquí, aprendí que no estoy sola.
Twitter -- Gallery -- Instagram -- Facebook -- Libros/Books
Original content, expressly for Hive
© All rights reserved