En la vida de cada uno hay momentos de intensa felicidad y tranquilidad, así como también de conmoción y tristeza, eso forma parte de la rutina diaria en la que nos desenvolvemos.
A veces, cuando las adversidades aparecen tratamos de tomar las cosas de la mejor forma posible hasta encontrar una solución a los problemas y en efecto, cuando lo hacemos, volvemos al punto de nuestras vidas donde sentimos que tenemos las cosas bajo control. No solemos pensar en todo aquello que hemos logrado superar, adversidad tras adversidad, simplemente porque cuando se está tranquilo resulta casi impertinente ocupar el tiempo en ello.
Es cuando las circunstancias se tornan realmente difíciles cuando tomamos conciencia de la magnitud de todos nuestros problemas, y habiendo entendido todo lo que tenemos por delante resulta complicado visualizar la luz al final del túnel.
En medio de aquella encrucijada es común preguntarnos ¿por qué a mi?, ¿por qué me suceden estás cosas? Y sobre todo, ¿Cuándo acabará todo aquello? Es comprensible claudicar ante la adversidad, agachar la cabeza y asumir un rol de victima cuando el agobio parece superarnos, después de todo pasamos todas nuestras vidas preparándonos para vivir en un estado de “eterna tranquilidad” y casi sin pensar que los problemas son parte de la vida común, de hecho un gran porcentaje de esta.
La fe en estas circunstancias juega un papel muy importante, y no debemos entender la fe solamente como un concepto religioso sino que muchas veces va más allá de cualquier dogma o doctrina religiosa; muchas personas recurren a ella para afianzar sus creencias en sí mismos y reafirmar sus capacidades para lograr salir de la tormenta que cada uno enfrenta.
De esa forma es como algunos logramos superar los problemas que nos agobian y una vez que llega la calma tras la tormenta, entonces llega el momento de reflexionar en la seguridad que esta provee al menos de forma temporal. Una vida sin adversidades es prácticamente imposible pues a mi manera de ver las cosas esa es la forma que la vida misma nos da para que forjemos nuestro temple, carácter y personalidad y al mismo tiempo nutramos nuestro aprendizaje tras cada ensayo y error.
Hace días aprendí algo que espero nunca olvidar, lo aprendí de un personaje de la televisión que mencionó un pasaje de “La leyenda: Esto también pasará”, donde un sabio sirviente, muy amigo del Rey de un país lejano le entrega un papel para que lo coloque dentro de un anillo y el cual dice: “Esto también pasará”, este papel el rey debe leerlo tanto en momentos de adversidad como de gloria. Eso me hizo reflexionar acerca de los últimos días que he vivido, donde me ha tocado enfrentar una de esas adversidades que como dije antes, nos da la vida a manera de lección si se prefiere así. Pienso que si tenemos esto presente a lo largo de nuestras vidas estas se tornaran no sé si más fáciles pero si más llevaderas.
