¡Hola, apreciados y respetados lectores!
Continuando con la presentación de mi segunda antología de poemas, bautizada: "El Ensueño de un Poeta", con mucho placer, les comparto el "Poema 24" de ésta, que se titula: "Frío, Tonada de la Flor". Como ya es costumbre, he acompañado el poema con una fotografía de mi autoría alusiva al tema. Esperando sea de su agrado, les envío en estas líneas mi acostumbrado fraterno abrazo.
FRÍO, TONADA DE LA FLOR
(Poema 24)
Alborea, y es gélida la alborada.
Y los ósculos fríos que se posan,
sobre los folios de la enramada,
denotan la arrogancia con que osan,
ponerle fin a esta tenue mañana.
Pero el firmamento está muy gris.
Los rayos del gran astro sol regente,
no parecen hacer aparecer su matiz,
ni se muestran los azules celestes
y no se le ve ya a la penosa gente.
Gélida, como las montañas ingentes,
de latitudes y páramos ermitaños.
Gélida, como los caminos helados,
como los corazones duros, aledaños.
Los pájaros ahogan todos sus trinares,
con ese frío no es posible nada, nada.
Sólo ella canta su hermosa tonada,
esa bella flor de la remota montaña,
ella, la bella flor de la ignota mañana,
la que ahora perfuma toda la cabaña.
Frío, tonada de la flor naciente.
Los linderos de la cabaña alegre,
la buscan con avidez ferviente,
para que sus almas les recreen.
Frío, tonada de la flor sonriente.
Frío, de la madrugada sigilosa,
que a la hora del sol poniente,
recubre las cosas con su nebulosa,
así no deja que pase el astro rey,
para inundar de calor y luz las cosas.
Frío, tonada de la flor efímera.
Hielo tormentoso del cielo gris,
evocaciones de un alma sombría
y regazo ardiente de la madre nutrís.
Esos folios ornados del líquido vital,
ya empapan la tierra medio despierta.
La cubren de su corriente tan gélida
y la máscara de la naturaleza etérea,
ahora se ve por primera vez deshecha
y recuerda lo ancestral de La Tierra.
Frío, es frío en el invierno terrenal.
Esa bella flor canta y no se inmuta.
Frío, aplaca y sosiega el día solar.
Y la brisa tenue como el terciopelo,
pero tan implacable como el hielo,
recuerda la aurora de la alborada,
aquella alborada donde los pichones,
se cobijaban bajo las alas de sus padres.
Frío, perenne de las mañanas grises
y de sus más característicos matices.
AUTOR: JOSÉ M. LAUSAR