Estimados seguidores. Muchas veces he escuchado ¿por qué yo? ¿Por que a mí? Son dos preguntas que en el caso humano traen los consabidos: Si hubiese hecho esto. Si hubiese pensado aquello. Y yo mismo me lo he preguntado en algunas ocasiones y buscado tales respuestas. Pero lo cierto es que, los hechos son hechos y son observables.
Cuando hace dos días me asomé a la ventana del patio, no lo podía creer: un mango clavado en la punta de la reja. Bastante distante de la planta que lo originó y totalmente fuera de la trayectoria de la caída de los frutos de las dos matas que están allí.
En todas las fotografías muestro el mango ensartado en la reja, desde distintos ángulos
Para tomar esta foto, me tocó monearme en la base de la reja.
Es la primera vez que veo tal cosa, hasta pensé que alguien se había metido a menear las matas, pero todo estaba en orden y los perros no hicieron alboroto. Tal vez la brisa lo desvió en su trayectoria y fue a clavar sus blandas y dulces carnes en el pico de reja. Si fuese humano, se estaría preguntando ¿por qué yo? Aunque su destino no fue peor que el de los que caen a nuestro patio, que los perros atrapan y convierten en su presa; o de los que caen al patio vecino, rompiéndose en la caída. Es que ... ¡fue un destino distinto! ¡Se salió de lo común!
Visto desde la base del muro que está coronado por las rejas.
Lo cierto es que este manguito me hizo reflexionar sobre las casualidades y también sobre la predestinación. El mango no hizo nada distinto de los otros mangos. Pero fue el único, en el curso de muchos años que encontró la reja en su caída hacia el patio o el patio vecino, o una zanja intermedia ¿que lo desvió?
Así que, queridos amigos, cuando la brisa nos sople en una dirección a la que no pensábamos dirigirnos, recordemos que hay misteriosas fuerzas que nos conducen, pero a diferencia de los objetos inanimados nosotros podemos resistirnos al embate. Espero yo.
Un cordial saludo y hasta la próxima publicación.