1923 fue un año de luz y color para el arte contemporáneo –venezolano e internacional–: nacieron tres grandes artistas, investigadores y transformadores del quehacer artístico: Jesús Soto, Oswaldo Vigas, y el 17 de agosto, Carlos Cruz-Diez, sin duda, uno de los grandes nombres de la progresista cultura venezolana y de la transformación artística universal que significó el cinetismo. Estamos en el centenario de su nacimiento.
Cruz-Diez, caraqueño nacido en la tradicional parroquia La Pastora, estuvo vinculado al arte desde joven como ilustrador y diseñador gráfico en revistas y periódicos como El Nacional. Luego, después de las enseñanzas de grandes maestros de la pintura y el diseño, se conectó con el abstraccionismo, hasta llegar al encuentro definitorio con el arte cinético, concurrencia en la que tuvo especial significación su residencia en París hacia 1960. Ejerció la docencia universitaria en arte y fue promotor de importantes instituciones de formación y conservación artística.
El gran aporte de Cruz-Diez fue y es la transformación en el concepto del color, una verdadera revolución. En su texto “Reflexiones sobre el color” hallamos los principios de su búsqueda y propuesta.
Cruz-Diez había afirmado: “Uno de los propósitos de mi arte es ampliar el campo de la experiencia humana, haciéndolo más sutil y complejo”. Y eso fue lo que logro con la investigación que llevó a cabo durante los últimos sesenta años de su vida (1959-2019). Esta búsqueda partió de una premisa, compartida, dice, por filósofos y artistas, pero no llevada a cabo del todo: la naturaleza inestable del color.
Llegué a la conclusión de que la percepción del fenómeno cromático es inestable, que evoluciona constantemente, que está sujeta a muchas circunstancias y que estas características nunca habían sido aprovechadas por los artistas.
Se trata de “apreciar que el color está en el espacio que nos rodea y que el punto radica en saber ver el color”, y sostiene que “el color es un hecho autónomo que existe sin necesidad de la forma”. Así entiende
el color como una situación efímera, como una realidad autónoma en continua mutación. Es una realidad porque los acontecimientos tienen lugar en el espacio y en el tiempo real. Sin pasado ni futuro, en un presente perpetuo. Es autónomo porque su puesta en evidencia no depende de la forma o de lo anecdótico, ni siquiera del soporte.
Concebida así, su propuesta es “un discurso plástico que se genera en el tiempo y en el espacio, creando situaciones y acontecimientos cromáticos que cambian la dialéctica entre el espectador y la obra”.
Entre 1959 y 1995 realizó ocho investigaciones que evidencian distintos comportamientos del color: Adición cromática, Fisicromía, Inducción cromática, Cromointerferencias, Transcromía, Cromosaturación, Chromoscope y Color en el espacio.
Ahora bien, sólo una experiencia visual abierta de las obras de este visionario del arte contemporáneo, que fue Carlos Cruz-Diez, nos permitirá acercarnos a comprender cabalmente su revolución. Una obra incorporada a la vida cotidiana de transeúntes en plazas, calzadas y edificios, que ha trasvasado con creces las fronteras nacionales, que ha marcado y va, aunque no lo sepan, en el corazón de los migrantes venezolanos que en el Aeropuerto de Maiquetía tanto han caminado sobre una de sus obras, rindiendo así, sin querer, un tributo al gran maestro.
Referencias:
https://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Cruz-Diez
https://web.archive.org/web/20060617081039/http://www.cruz-diez.com/espanol/index.htm (aquí pueden acceder a una selección de su obra)
https://web.archive.org/web/20060620080743/http://www.cruz-diez.com/espanol/curricul.htm
En enlace dado a continuación encontrará una traducción al español de Reflexiones sobre el color:
https://docs.google.com/document/d/10-uYLbJFhy6R_rS0CjaSzYnDHX-3jKnZAUfvkbF_7uc/edit?usp=sharing
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