Se cumplen hoy 40 años de la muerte de Juan Rulfo, fallecido el 7 de enero de 1986 en Ciudad de México, ciudad donde residió gran parte de su vida. Juan Rulfo es, sin ninguna duda, no solamente uno de los más grandes escritores mexicanos, sino hispanoamericanos y universales, que marcó un hito en la literatura contemporánea, como ha sido reconocido internacionalmente. Deseo que en su país lo celebren como se lo merece. Yo intento hacerlo modestamente en este post.
En años anteriores publiqué en esta plataforma dos posts al modo de artículos, que pueden consultar en los enlaces 1 y 2. Esta vez se me ocurrió escribir una microficción para recordarlo, con algunas claves de su obra.
Y yo que venía a buscarte, Juan Nepomuceno. Los murmullos de tu voz (o de tus voces) no me han dejado dormir durante más de treinta chingados años. Y ahora te me vas.
Sí, soy tu hijo Juan Preciado, un rulfo más, de aquellos ancestros. No sé si en verdad he existido fuera de tus palabras. ¿O sí? Pues soy un hijo de esa tierra de soledades y abandonos, de olvidos y muertes, que tú viviste y creaste como si fuera un largo sueño cubierto por la calina.
Pregunté por ti, y todos me hablaron de un hombre retirado, que había decidido entrar en el silencio, como se entra en una densa noche. Yo también callé, aunque mi voz murmura entre los muertos.
