40 años del fallecimiento de uno de los más insignes poetas españoles del siglo XX, Jorge Guillén, perteneciente al grupo de poetas que se conoce como "Generación del 27", renovadores de la poesía hispánica, pero que trasciende a otros espacios y tiempos. Le dediqué en esta plataforma un post hace dos años, que pueden leer, si les interesara, por este enlace; en esa publicación hago una presentación amplia del poeta, lo que no voy a repetir ahora.
En aquella oportunidad me centré en un poema de su primer libro, Cántico (1928-1950), "Mientras el aire es nuestro". Esta vez reproduciré dos poemas de su segundo libro: Clamor (1957), que, en verdad, forman parte de un poema total titulado "Nada más". Los copiaré y haré un comentario al final.
III
Tierra, tarea eterna.
Terrícola entre límites,
Bien los conozco. Prohibido el orbe.
Heme aquí por mi campo laborable,
Por atmósfera y mar también con surcos.
¡Fatal presencia! Quiero mi destino.
Arraigado a través de estas raíces:
Mis huesos de animal,
Sólo en esta morada,
Nuestra de polo a polo.
De minuto a minuto.Mi tiempo va a su fin, ay, necesario
Para dar su perfil a mi figura.
No habré de convertirme en propio monstruo
Con senectud de siglos.
Este cuerpo en su tiempo,
Mi espíritu en su forma,
Y todo indivisible en una llama,
Yo, que se apagará.
¿O habrá algo errante donde seré entonces
Pura evaporación de mi yo antiguo,
Vibrando sin materia?
Yo sólo sé de mi unidad efímera.
Un poema de autoconfesión, a lo que quizás no era tan dado el poeta, en el que se canta a la tierra como heredad y, a la vez, se reconoce la finitud. La voz se sitúa en su fatal término, como la llama, pero, también como ella, dejando un "espíritu en su forma", que seguirá "vibrando" en su unidad, pese a la fugacidad.
IV
Mi vida es este mar, estas montañas,
La arena dura junto al oleaje,
Mi amor y mi labor,
Hijos, amigos, libros,
El afán que comparto a cada hora
Con el otro, lo otro, compañía
Gozosa y dolorosa.
¿Un espectro sin tiempo ni esqueleto
Sería el sucesor
De un ser indivisible del contorno?Llego hasta mis fronteras.
Bien inscrito, me colman.
Yo no sé saber más.
Bien se esconden los últimos enigmas.
Misterios para siempre,
Más allá de esta luz que así, dorada
Tarde, me entrega un mundo irresistible
Con su verdad fugaz,
Acorde a mi destino,
Sin bruma ante mis ojos
Desde este mirador de transparencia
Mar con su playa y cielo en mi sosiego.
Desde la actitud de contemplación que ha caracterizado la vida y poesía de Guillén, y en consonancia con el anterior, el hablante reconoce el misterio de lo cotidiano con sus oscilaciones, y asume la ignorancia radical (como diría Rafael Cadenas) frente a esos enigmas, mientras encuentra sosiego en la realidad indudable de su entorno, que es mar y cielo.
Referencia:
Jorge Guillén (1981) (Estudio y selección de Carlos Meneses y Silvia Carretero). España: Ediciones Júcar.
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