Al regazo de los morros,
entre tardes de crepúsculos,
San Juan sueña y despierta
entre el recuerdo de luchas
y la fértil tierra de su valle.
Cuerpo de días que van anocheciendo
revitalizándose entre los desniveles
continuos de sus estrechas calles,
entre el parsimonioso progreso
que marcha en escenas a cámara lenta.
Su voz se comparte entre limites
imaginarios donde el llano comienza,
entre manos que curten sus pieles
en la intemperie de soles de reses
y la faena cotidiana que la sustenta.