En el miedo,
que con tentáculos
de ogro y dragón
nos amenaza,
descansamos la furia
de nuestras limitaciones.
Escondimos
las caricias de mañana,
el secreto que escapa
a la algarabía
de los autos
y los teléfonos,
que invaden
con sus gritos
los espacios
donde pernoctamos.
Donde el olvido
moja nuestras manos.