Arte digital propio
La mano temblorosa a duras penas logra colocar el vaso sobre la mesa.
El antidepresivo recién ingerido, tardará algunos minutos en comenzar sus efectos, pero esa no es la causa de su actual estado.
Fabián ahora lucha contra la incipiente dependencia que los medicamentos han ocasionado en su organismo, contra el malestar de revivir, minuto a minuto, como una escena de cine, los acontecimientos que le llevaron a las entrañas de la locura.
Todo en la vida conforma un engranaje que vive en el peligro de perder su exactitud y contra esa falla no siempre se está preparado, menos aún, cuando eso implica un dolor que atraviesa cualquier barrera de aceptación o tolerancia.
Han pasado tres meses, noventa días que han logrado configurar miles de preguntas, alternativas y respuestas pero pocas soluciones viables, por lo que, como un tobogán en medio del parque de sus expresiones, ha sentido el vértigo de la caída sin piedad.
Un día el poder del destino decidió ponerlo a prueba y lo privó del amor más grande que tenía, su hija.
Una pequeña mariposa, dueña del jardín mas preciado de sus amores, un ángel del cielo más limpio que sus ilusiones.
Como un acto de prestidigitación presentado por un buen mago, ella desapareció sin pistas ni explicaciones, sin despedidas que pudieran amainar el torbellino de un sufrimiento que fue mucho más grande que su capacidad para soportarlo y le hizo naufragar sin remedio.
Las soluciones estuvieron perdidas y acabaron siendo peores y su primer contacto con la conciencia casi es deficiente, ya que ocurrió cuando despertó cruzado por aparatos y medicamentos que invadían su malogrado cuerpo luego de intentar suicidarse.
Los anteriores días aun no los recuerda, como un misterio más de la existencia parece haber cruzado un vacío que lo llevó hasta allí, pero que no logró evadirlo de la realidad que sigue siendo parte de su presente.
Sentirse estúpido parecía poco apropiado cuando solo gestos de compasión o repudio, poblaban las paredes del recinto medico.
¿Qué preguntarse cuando se acaban los sueños sin haber despertado?
¿Qué responder cuando no existen formas para llegar hasta las palabras?
Solo su amor a Dios y la esperanza de que los caminos siempre tienen bifurcaciones inesperadas, no solo en contra sino también a favor, lo mantuvieron luchando.
Vivir el horror de la incertidumbre es como recibir un disparo cada vez que los recuerdos destellan y traen segundos inolvidables que mueren.
¿Cuántas lágrimas hacen falta para matar un dolor?
¿Cuantas soledades llenan un vacío?
¿Cuál es la palabra precisa para nivelar las pasiones que no tienen lugar por falta de motivos?
-Todo pasará hijo, ten paciencia.
-Ella está bien, no ha muerto, está en manos de su madre y ella la cuidará, lo sabes bien.
-Ella siempre será tu hija y más pronto de lo que piensas volverás a verla.
Tal vez son las verdades que no aceptamos y existen, pensaba desde su lecho Fabián, mientras el apetito y los continuos ataques depresivos consumían sus fuerzas y soplaban la llama de su alma.
-Peor es que te dejes morir, ¿Acaso no la quieres volver a ver?
¡Que difícil es conformarse con ver cuando lo que deseas es escucharla a tu lado mientras el sueño llega, es velar el suyo a diario!
¡Que lejos se pueden vislumbras las voces cuando tu oído no es capaz de asimilarlas!
Días infinitos, noches sin la magia de los astros que la conjugan, han sido el precedente de la lucha que parece tener los días contados.
“No puedo seguir siendo lo que ahora soy” se decía a sí mismo mientras el amanecer llegaba o en los ratos que las lágrimas se confundían con el agua que lo bañaba.
¿Se pueden secar los lagrimales?
¿Se puede tomar conciencia cuando el mundo interior parece no tener puerto?
Para él, descubrir que las certidumbres pueden convertirse en fantasías, ha sido una lección difícil de asimilar.
Dar un giro de 360 grados en un tiempo inferior a un suspiro es como mirarse el ombligo y preguntarse, como es que en alguna ocasión dependió de él para vivir.
Borrar sin tener los materiales para rescribir es tirarse al vacío dependiendo de que el paracaídas se abra, pero en ocasiones no existen otras alternativas y hay que hacerlo.
“No me harán falta más medicamentos para retomar mi vida desde otra perspectiva”
Esa ha sido la oración del día y de las noches durante las ultimas semanas y hoy es el día esperado para probar cuanto ha aprendido de ella.
Por esa razón después del llanto decide asearse, vestirse y salir a caminar un poco.
-¿Hacia dónde vas?
-No te preocupes, todo saldrá bien, volveré a ser como antes. -le contesta a su progenitora.
Había olvidado el olor característico a smog de las calles, el susurrar del viento cuando choca contra algún aviso propagandístico, el bullicio de la ciudad.
En la plaza casi desfallecen sus fuerzas cuando ve a los niños correr de un lado a otro, pero las esperanzas han renacido y sabe que los mejores momentos aún no han llegado y nada puede morir mientras exista quien lo recuerde.
Será cuestión de tiempo volver a compartir con ella sus locuras infantiles y mientras mira la luz de las estrellas sabe, que donde esté ella tiene tantas ganas como él de abrazarlo.
A veces hace falta llegar al fondo para poder valorar cuanto vale estar en la superficie.