Y como hace falta perpetuar cada latigazo verbal esos grupos dominantes inventan también las palabras en justa medida a sus intereses y de allí nace una que es muy común y que por desconocimiento de sus raíces, los mismos etiquetados la usan recurrentemente, esta es Vulgo, cuya consecuencia es ser vulgar.
Si nos vamos a la definición de la Real Academia nos sorprende que su primera explicación diga: “El común de la gente popular” lo que afirma que los vulgares somos una mayoría; pero para que no quede duda del carácter esclavista de la misma la siguiente reza: “Conjunto de las personas que en cada materia no conocen más que la parte superficial.” Esta verdad que ellos consideran absoluta no es más que el reflejo mismo de esa minoría.
Ahora bien para ser un vulgar en toda la extensión de la palabra, no solo es necesario violar algún dogma moral o ley, sino que se puede serlo sin hacer lo anterior, solamente con usar dentro de nuestro léxico esas palabras excluidas, las cuales para más difícil comprensión no son iguales ni siquiera en grupos poblacionales que conviven en una misma zona, ya que el carácter lo circunscribe la circunstancialidad de quien ejerce la labor de dominación en el mismo.
Un ejemplo claro y clásico dentro de la forma de hablar del venezolano, ocurrió hace algunos años en un programa de Arturo Uslar Pietri, quien se atrevió a decir en televisión la satanizada palabra “Pendejo”, excretada del habla no vulgar. Como el peso de la persona que la pronunció era específico sobre la sociedad, a partir de ese instante, la palabra fue liberada y hasta el momento no es considera grosera.
Sobran los ejemplos y haría falta un libro para nombrar por lo menos un 50%, pero como la idea no es esa, solo nombraré tres:
La palabra Coño, aceptada recientemente por la Academia en otras connotaciones sigue siendo vulgar en España, ya que para ellos es la parte externa del aparato genital de la mujer y dado que fuimos invadidos o conquistados por ellos, a pesar que para nosotros no significa eso sigue siendo considerada vulgar.
La palabra Papo que para nosotros es lo mismo que coño para ellos, es un nombre común de personas en el caribe.
La muy satanizada palabra Verga, que posee siete connotaciones de las cuales seis no son consideradas vulgares, y que para nosotros es un comodín idiomático, es considerada incluso por académicos de la región como vulgaridad, aunque cuando se dice no se hace para expresar ningún miembro masculino.
Cabe preguntarse:
¿Son reales las palabras malas, obscenas o groseras?
Yo estoy convencido que No y con esto muchos no estarán de acuerdo pero sin sentimiento no hay interpretación, por lo que todas las palabras pueden ser vulgares.
Un piropo usando palabas refinadas puede llevar un sentido mucho más pervertido que cualquier palabra considerada obscena, todo dependerá de la carga emocional o sentimental que le de quien la diga.