Sonrisas y alegrías en el tiempo hacen olvidar
lo que por fuerza tiene o tenía que pasar,
la luz que distorsiona el tiempo al recordar,
y que parece cambiar los hechos al rememorar.
No hubo tranquilidad al tropezar,
no hubo paz al sopesar,
hubo alegrías que iban a perdurar,
y hubo penas que no se iban a alejar.
No pidas a la mente ahuyentar
los momentos que te pudieron desagradar,
las cosas que quieres sin pena apreciar,
en su compendio las tienes que mirar.
Lo bueno, lo malo y lo no tan malo has de recordar,
y con júbilo, resignación y entereza lo tienes que aceptar,
cada dolor en tu alma es una medalla por lustrar,
cada alegría es un aliciente para continuar y luchar.
Fé en lo divino y en ti mismo has de tener,
si quieres en la vida prevalecer,
y en las noches y días de sosiego has de agradecer,
que los problemas nunca van a permanecer.