Sábado. Mi sabbath particular comienza como todos los días: madrugando. No había necesidad alguna de hacerlo, pero a fuerza de costumbre, supongo que me aplico a mí mismo el refrán de que soy cabra que tira al monte. El monte, también en este caso, es metafórico y se llama mercado. Hay que hacer la compra para ir equilibrando durante la semana, esos pellejos que le dan forma a la marioneta que, después de todo, no deja de ser mi esqueleto. En vísperas de primavera, tenemos encima las lluvias del otoño. No sé si lo sabrán, pero España parece que últimamente se ha convertido en el país de las borrascas. Créanlo: estamos inmersos en ese juego de resaca, donde borrasca viene y borrasca va. Me pregunto, si quizás los anticiclones han tomado la determinación unilateral de pasar de largo, como esas oscuras golondrinas que, según Gustavo Adolfo Bécquer, nunca volvieron a Sevilla. Huelga decirlo, evidentemente, pero llueve. Y como diría la canción, se podría añadir que sobre mojado. En realidad, no ha dejado apenas de llover desde la madrugada del viernes y aún antes de ésta, chubasco va y chubasco viene. De hecho, estoy seguro de que si abriera y pusiera en la acera la bolsa con los boquerones que acabo de comprar, éstos saltarían alegremente pensando que le están haciendo el coro a la sirenita en el fondo del mar. Las chuletas de cordero, sin embargo, callan; luego otorgan. Supongo, que si tuvieran la oportunidad de volver unos días atrás, recordarían con nostalgia ese corralillo donde, entre las patas de sus madres, veían la vida pasar sin ser conscientes de que pronto se convertirían en el agnus dei de una sociedad carnívora por naturaleza. Hablando de madres y de naturalezas, no me olvido de que tengo que ir a la residencia, donde la mía se recupera del último ictus, pero dado que por la mañana la tienen ocupada con terapias de rehabilitación, aprovecho este tiempo de aburrido ocio, para dejarme llevar por la ensoñación. Me gusta el campo, me gusta el arte y me gusta también la poesía. Supongo que por eso, revisando las entradas de uno de mis blogs (Soria se hace camino al andar), me he encontrado con esta entrada, que me ha traído, no sólo buenos recuerdos, sino que a la vez ha renovado en mí, esa imprescindible sensación de que, aún en tiempo de tormentas -¡qué diantres!- la vida es bella.
Y como decía en la entrada original de mi blog (http://juancar347.blogspot.com/2016/01/soria-romanico-de-acuarela.html), ' bueno sería dejarse llevar por la imaginación y con el permiso de Jano, mirar con esa otra cara interior hacia ese espléndido mensaje de colorido, simbolismo y delicadeza que proyectan dos sustanciosos elementos de la Soria tradicional: su entorno y su románico. Una auténtica acuarela, digna de admirar'.
Al mal tiempo, buena cara y lo dicho: la vida es bella.
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