Érase una vez; en un pueblo lleno de magia, secreto y oscuridad. Existía una princesa llamada luna, ella era una chica encantadora, con un buen estilo, y muy trabajadora. Un día la chica encuentra una cueva escondida en el castillo, decide entrar al lugar, al bajar el último escalón la luz de su antorcha fue devorada por el silenció sepulcral. No era simplemente una falta de claridad; era el vacío que se sentía en la oscuridad. Frente ella, hillera de acero oxidado que se alzaban como fantasma metálico. Luna da un paso adelante y derrepente aparece una presencia en frente de ella -"Quién se atreve a despertarme, y entrar a mi sótano?"-.

Luna se sorprende y mira al dragón fijamente, el dragón al ver a la chica se tranquiliza y se pone de pie. -"Desde cuanto tiempo llevas encerrado en este sótano?"-. -"yo fuí el primer rey en gobernar este pueblo, pero una noche llego una bruja y me convirtió en lo que soy ahora, en un moustro"-. Luna se sorprende al escuchar la realidad del animal, o más bien "del rey convertido en dragón". La princesa le promete ayudarlo, pero con una condición, casarse con ella. El dragón se queda atónito pero asiente a la propuesta. Luna sale del lugar, y empieza a a buscar a la bruja lumiel. Luna busca en los aterradores castillo embrujado, en la selva de la verdad, y en los hermosos arcoiris del amanecer.

Pero nadie sabía dónde estaba la bruja, llega la noche y luna entra al sótano triste y vencida. La princesa entra al sótano pero se da cuenta que las armaduras estaban destruidas en el suelo, como si hubiera llegado una tormenta para llevarse sus almas, y ahí en el medio estaba el dragón. Con su rostro triste, como si hubiera luchado contra mil dragones en una sola noche -"Parece que no encontraste a la bruja cierto?"-. Dice el dragón con el rostro en el fondo.-"No pude encontrarla, es como si hubiera desaparecido de este mundo"-. Dice la princesa triste, el dragón se levanta y le pide que se fuera del sótano.
Luna queda aún más triste, y le pide que baje su cabeza, el dragón baja la cabeza lentamente acercándose a la princesa, derrepente luna se acerca y le da un beso tierno en la cabeza. El dragón se sorprende y queda con los ojos abiertos, cuando luna estaba saliendo del sótano, una luz iluminando todo el sótano aparece, luna baja rápidamente y ve que adentro ya no hay un temible dragón triste, si no un simple joven con una corona brillantosa, y una mirada joven que parecía nunca haber vejecido, ella nota que el chico era Andrés, su mejor amigo de infancia, la princesa sale corriendo abrazarlo y Andrés se sorprende al sentir la presencia de su hermosa amiga y futura prometida.

Luna y Andrés se casan y viven felices, lejos de castillo aterradores, y felices cuidando a su pueblo con tranquilidad, y sin bruja malvada que los puedan convertir en dragones.
Fin