Oir una puerta sonar es una de las cosas más rutinarias que podamos experimentar en nuestras vidas. Quizás es el vecino que necesita un poco de ayuda con una tubería rota, o aquel viejo amigo que sin previo aviso llega a nuestra casa a visitar. El siguiente paso, luego que alguien toca la puerta, es asistir al llamado y verificar quién está detrás. Más que curiosidad, es racionalidad, de atender el llamado de otro ser humano; pero ¿Qué ocurre cuando ese llamado viene de una puerta que no es física, que no podemos ver ni tocar?
Somos llamados desde nuestro interior de múltiples maneras, cada individuo – desde mi percepción- viene con una cajita mágica que contiene nuestros talentos más íntimos y esas cosas que tantos nos gustan. En esa cajita se guarda el gusto por un buen chocolate, o aquellas melodías del instrumento musical preferido. Ese sonar del piano -tal vez-, que te eriza la piel, y entiendes que esa reacción física es consecuencia de que nuestro cuerpo reacciona a ciertos impulsos. Sí, es el cerebro que te indica: ¡Esto es lo que te gusta! ¡Con esto puedes ser verdaderamente feliz!
Es en ese momento tan sencillo donde podemos comunicarnos con esa cajita interior, que expulsa gustos, vocaciones e intereses y a la cual no le prestamos la debida atención. Quizá el piano suena, se nos eriza la piel, y deduces que fue la brisa que ha entrado por el ventanal lo que ha producido tan marcada sensación, ignorando que es esa cajita, que de manera codificada, nos habla y nos empuja hacia lo que debemos hacer.
Lo que debemos hacer, se relaciona de manera perfecta con nuestra más interna vocación, es esa congruencia entre lo que el mundo exige de nosotros y lo que tu cajita exige de ti. No hay espacio para la duda, el titubeo, solo debemos avanzar con determinación. Quizás en este minuto, hay millones oyendo miles de puertas sonar en su interior, y las han abierto todas, por no prestar la debida atención a la puerta correcta. ¿Cuál es esa puerta que suena y te acelera el corazón? ¿Cuál es esa puerta que parece abierta sin siquiera girar la manija? Esa puerta que tiene una fuerza de atracción superior y que a veces, dentro de tanto ruido, pasa desapercibida
Abrir la puerta correcta, requiere de escuchar nuestra intuición y de deducir la codificación que nuestra cajita interior nos proporciona, de esta manera seremos ciudadanos íntegros, los mejores desde nuestros espacios -sin caer en lo arrogantes- y el mundo nos aplaudirá, por haber abierto la puerta correcta y cumplir con esa misión que nos conecta con nuestra creación. El mundo como un todo, agradece cada vez que alguien abre la puerta correcta. ¿Has abierto la puerta correcta o sigues abriéndolas todas? El tiempo pasa, y es tiempo que podemos aprovechar en el espacio correcto.