En una cualquier y acostumbrada mañana, a la salida del sol, el olor a humo y sonidos de los vehículos levantan las persianas de los binoculares genéticos de nuestro amigo el colegiado, intentando enfocan sus dilatadas pupilas, ajustan con dificultad el iris, frotando un poco sus ojos mientras inhala y exhala un alargado bostezo que anuncia la ruptura de un pesado sueño.
Realiza una contorsión exagerada de huesos ya descalcificados que los hace crujir cual galleta, sonido que revela el avanzado desgaste producto de su incomoda faena.
Dobla su cama y su cobija mientras repasa en ellas el noticiero de ayer, y guarda todo cuidadosamente el sus gavetas mentales anudando con fuerza su casa portátil.
Camino a cualquier oficina de turno del día, se detiene por el aroma del café, cerrando sus ojos y aspirando profundamente exclama con sonrisa pronunciada, ¡AHHH ya! es aquí en este vaso de plástico que quedó un sorbo,lo toma cuidadosamente inclinándolo tembloroso hacia su boca,¡y allá va! deslizándose por el vaso, una gruesa gota de cafeína empalagada en azúcar que tomará un rato llegar a su paladar, pero ¡que importa! el tiempo es suyo y no hay prisa.
Entonces, como pájaro al sonido del campanario, se agita lanzando rápidamente el vaso, como si la llegada de esa dosis de cafeína fuese a agigantar sus posibilidades de supervivencia.
De pronto señala fijamente aquel Banquillo solitario, que según él será bueno para repasar las tareas del día, ¡pongamos las cosas aquí!! exclama fuertemente, como conversando con un asistente imaginario, llamando así de manera egocéntrica, la atención de los transeúntes. Hace un rápido inventario de sus pertenecías 1, 2, 3, 4...Ok y levantando levemente los arrastrados ruedos del pantalón, procede a sentarse con un clásico y elegantemente curse de piernas, típico de su linaje y costumbres.
Mirada al cielo y con una mecánica acción, lame su desdibujado bigote metiendo la mano en sus preciados tesoros, escudriñando cuidadosamente cada parapeto, palpando he imaginado lo que toca para evitar el desorden.
Da con su libreta de anotaciones, su lapicero y asumiendo postura de trabajo moja sus dedos para encontrar la hoja de sus últimos apuntes, es aquí en este preciso instante donde todo se detiene. El tiempo se hace lento, forzado, su mente se nubla, se espesa, es como caminar entre las nubes, sin encontrar los pensamientos.
Esta es su realidad, libreta en blanco con algunos rayones, sin lista de actividades, sin encontrar manera de escapar de su YO, no hay un antes, un hoy ni un después para él.
Solo queda seguir paseando con su compacto equipaje y volver a sus sueños, de donde escapar es virtualmente perder.
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