Hola Steemianos! hoy quiero compartir con todos ustedes una pequeña parte de mi experiencia en Colombia. Espero que les guste.
Yo siempre he dicho que si no realizas eso que de verdad deseas hacer, eso que quieres desde hace mucho tiempo, algo que de verdad anhelas con todo tu corazón, quizás mañana te arrepientas no solo de eso, sino de todo aquello que alguna vez consideraste como una verdadera salida. Algo que muchos en estos tiempos han decidido olvidar…Y eso se llama “Fe”.
Mi experiencia en el exterior tiene mucho que ver con eso, pues en casi 8 meses de constantes cambios, sacrificios y derrotas, no solo puedo decir que estoy más que satisfecho con mi decisión, sino con el hecho de saber que así como yo, muchas otras familias a diario cruzan esas fronteras con algo más que maletas y sueños en sus corazones. Eso me alienta a seguir luchando por los míos.
Todos desean tener la mayor de las suertes nada más pisar suelo extranjero. Que esos sueños de ayudar a nuestras familias y amigos se vuelvan algo más que realidad, que los sacrificios que hacemos por ellos valgan la pena y que si Dios nos lo permite, mantenernos siempre firmes a pesar de las dudas. Porque nuestra más grande motivación siempre debe ser la de luchar por aquellos que han puesto su fe y su amor en nosotros, en aquellos que día a día se ganan la vida en otro país a punta de sudor, lágrimas y algo más que dolor.
Mi deseo es que todos volvamos a encontrarnos en el mismo punto, que lo que pase y cambie en los gobiernos del mundo sea tema de otro día, porque lo que realmente importa es que todos volvamos a recobrar la conciencia, que volvamos a ser los de antes. De olvidar el odio y recuperar esa esencia luchadora, solidaria que tanto nos ha caracterizado por mucho tiempo. Que recordemos que más allá de los colores y pensamientos, nuestra meta sea unirnos como hermanos, como aquellos que en el pasado también alzaron su voz para defender hasta a sus propios enemigos, porque la felicidad no es algo que se consiga con dinero o lujos, la felicidad viene de adentro, y si de verdad queremos ser aquel país de gente echada para adelante que siempre hemos sido, primero debemos comenzar por nosotros mismos, por cada uno, por cambiarnos unos a los otros. Con amor, con Fe.
No tengo intención alguna con éste relato de criticar a gobiernos, mandatarios ni mucho menos a personas ligadas al odio y la soberbia, pero si quiero contarle una parte de mi experiencia en el extranjero y recordarle a todos aquellos que también vienen y desean probar, que lo que con sacrificio se logra, recompensas y alegría traerá con el tiempo. Así que más que una experiencia, quiero hablarles de eso tan básico que todos debemos tener para no pasar por tantos malos ratos.
La razón es muy simple. Todos, así como yo, han decidido dejar su país, por la misma razón que la mayoría ya conoce. POR LA SITUACIÓN, y eso es una realidad muy muy verdadera. Era muy desalentador levantarte en las mañanas y ver cada día más y más tu refrigerador vacío. Tan vacío como el dolor que he sentido todo éste tiempo sabiendo lo mal que muchas familias lo pasan a diario sin tener nada que comer ni vestir en un país tan rico como el nuestro.
Los altos precios de la comida, el total del salario que recibía cada mes y la desesperación de saber que nada podría obtener con eso, me hacían pensar todos los días en lo malo que llegaría a pasarlo mi familia sino hacía algo rápido por ellos. Además, por más aumentos e incentivos que el gobierno regalaba para animar al pueblo, nada de eso cambiaba el hecho de que nuestra realidad desde hace un buen tiempo ha sido otra.
Dejé a mis padres, hermanos y amigos, pero llevé siempre conmigo sus buenos recuerdos, sus enseñanzas y sus valores que tanto me han servido todo este tiempo. Llegué a Santa Marta un día y lo primero que pude apreciar nada más bajarme del bus fue aquel inmenso azul de mar que no parecía tener fin. Mientras más me acercaba a él, más podía sentir una verdadera paz y una sensación de alegría que rosaba todo mi cuerpo como un verdadero abrazo de aliento del mismísimo Dios. Estar tan cerca del mar me hacía recordar a mis seres queridos.
Solo contaba con unos pocos pesos que sin duda supe apreciar como a mi propia vida. Por más insultos y noches de mal sueño que viví por un largo tiempo, mi fe en Dios y mis ganas de salir adelante eran siempre razones para enfrentar cada día todo aquello que soportaba con decisión y muchas fuerzas. Pues de alguna u otra forma buscaba la manera de levantar mi frente, lavar mi rostro y comenzar un nuevo día. Todo aquello me daba fuerzas.
Santa Marta es una ciudad muy linda con muchas cosas para hacer, muchos sitios turísticos y restaurantes con muchos platos deliciosos, claro, si tienes cómo costearlos, por supuesto. Pero para mí y para muchos de los venezolanos que habitamos esta ciudad, las cosas no son tan sencillas. El trabajo es sumamente escaso para nosotros, y más, si a penas al llegar a la ciudad te confunden con algún otro paisano que estuvo antes que tú haciendo quien sabe qué clase de fechoría, por lo que generalmente te tiran la puerta en la cara.
Casi todos se ganan la vida en un semáforo o una esquina vendiendo cigarros o cualquier otra cosa que les permita hacer lo suficiente como para subsistir un día más, pues la mayoría no cuenta con documentación alguna que haga constar tu estadía de manera legar en el país.
Yo recomiendo muchísimo a todas esas personas que piensan llegar hasta acá o a cualquier parte del país, que se aseguren de traer todo aquello que les permita estar 100 % legal y sin preocupaciones, porque sin nada de eso las cosas se vuelven mucho más complicadas. Pasaporte, título universitario apostillado o título de bachiller que indique lo capacitado que estás para desempeñar cualquier tipo de activad en la ciudad, son recursos necesarios para poder solicitar empleo en cualquier lugar.
Por supuesto que, otra cosa más que indispensable para poder estar en otro país son los preciados ahorros que lleves contigo. Debes contar con los suficientes recursos como para pagar al menos un mes de arriendo y tener donde dormir sin tanta preocupaciones, porque créanme, dormir en una plaza o la orilla del mar no es nada bonito.
De acuerdo a la cantidad de personas que te acompañen, los precios de residencia varían demasiado. Número de personas, espacio que necesites, etc. Eso sí, si es entre varios mucho mejor, porque a la hora de pagar la renta, entre todos se pueden ayudar mientras no haya trabajo o dinero para responder por alguno que no tengan en ese momento cómo hacerlo. Todo se verá recompensado cuando todos puedan laborar libremente. La comida es muy accesible, en casi todo el país vas a poder sobrevivir con unos pocos pesos, pues eso si es algo que puedo resaltar, los precios de los productos son muy buenos acá.
Al principio me la vi súper difícil, pero cuando te ganas la confianza de la gente y tomas una actitud siempre servicial y educada, las personas con el tiempo te ayudarán y te facilitarán mucho las cosas para que puedas recuperarte más rápido. No hay que ser groseros ni arrogantes, pues si el venezolano tiene fama de malo y ladrón, es porque muchos otros se han encargado de dejarnos esa mala fama a la mayoría, pero una buena actitud, buenos modales y muchas ganas de trabajar matan cualquier pensamiento malo que ellos tengan hacia nosotros.
El ciudadano colombiano es bueno por naturaleza, servicial, buena gente y muy humano, pero eso solo lo ves cuando tu actitud y tu respeto hacia a ellos es tan grande como esas ganas de luchar todos los días para salir adelante. Siempre mantén esa buena vibra.
Y para finalizar, Si en algún momento sientes decaer no olvides que Dios siempre te escucha, el conoce tu corazón y sabe lo difícil que la pasas, pero nunca, NUNCA pierdas la fe en lograr tus objetivos, porque los sacrificios de hoy serán las alegrías del mañana.