¡Buenas tardes lectores! les traigo un pequeño escrito para contribuir a nuestro bienestar
En el periplo de la vida constantemente la mente funciona en piloto automático. La cháchara mental inquisidora, hiperactiva, se parece a un caballo desbocado. Ella despilfarra enormes cantidades de energía, nos mete en líos, se preocupa por el futuro o por el pasado, vive frustrada, con miedo, aburrida; a veces se encoleriza. De esa manera nos embota, convirtiendo nuestro mundo interno en un caos espantoso.
Todo lo que a nosotros nos ocurre está en nuestra mente, en los pensamientos que decimos.
Estos pensamientos emiten vibraciones y color. Ellos parten en todas direcciones, tal como las ondas que se forman en el agua cuando a ésta le cae una piedra. Los pensamientos negativos son sombríos y vibran a bajas frecuencias. Los positivos son luminosos, de colores brillantes. Los de alta frecuencia disuelven a los negativos.
Sin embargo, puedes entrenarte para calmar tu mente.
Primero te sugiero que identifiques tu negatividad para que tomes conciencia de lo que tienes, en tu interior, y que lanzas al ambiente. ¿Cómo?
1-Durante 3 días anota todo lo que dices en un cuaderno. Lo que expresas viene de tu mente.
2-Registra, también en el cuaderno, los pensamientos que pasan por tu mente. Repite esto por tres días, te sirve para identificar tu patrón repetitivo.
Ahora te propongo comenzar:
1- Haz una dieta mental. Durante 7 días consecutivos no puedes permitir pensamientos negativos. Si la haces y te va bien por 2 ó 3 días y luego te sales de la dieta, tienes que dejarla por varios días; después comenzarás de nuevo. Lo importante no son los pensamientos que vengan, lo importante es que no los cobijes. Esto significa que, si tienes un pensamiento negativo recházalo y piensa en positivo. Recuerda que la aceptación mental es lo que constituye la dieta. Es muy forzada, pero vale la pena. Al finalizar la semana puedes notar un ligero cambio, te sentirás aliviado y con más energía.
2- Presta atención al espacio entre tus pensamientos. Siéntate cómodamente, cierra tus ojos. Pon atención a tus pensamientos. Obsérvalos, van a ir y venir. Hazte la pregunta ¿de dónde vendrá mi próximo pensamiento? ¿Qué ocurre? Hay una pausa entre los pensamientos. Repite el ejercicio varias veces. ¿Qué observaste esta vez? Deberías haber observado que tu mente esperaba algo….pero en esa espera no existen pensamientos. Permanece vigilante. La atención descubre el espacio entre pensamientos. Te darás cuenta que tus pensamientos están más serenos y tu cuerpo más relajado.
3- Medita. Siéntate cómodamente, cierra tus ojos. Coloca tus manos sobre tu regazo. Pon atención solo a tu respiración. Toma el aire por la nariz y bótalo también por tu nariz. En cada respiración vas dejando la tensión del cuerpo. Si llegan pensamientos, déjalos pasar. ¿Cómo? Simplemente te vuelves a concentrar en la respiración.
A medida, que avanzas en el silencio y persistes en estas experiencias, el diálogo interior se calla.
Al poco tiempo el silencio se vuelve más profundo, pues la mente - la loca de la casa - se da por vencida
Me despido deseándoles que les guste y les sea de utilidad