
Hola queridos Hivers, hoy nos encontramos aquí, y como siempre les propongo acercarnos a esos lienzos que exponen nuestra vida. Y para acercarnos al tema de hoy lo hago con una anécdota.
He comenzado mi día enfrascada en un conflicto, llueve, y ese acto tan normal de la naturaleza me ha obligado a quedarme en casa, y eso es una decisión. Una decisión que me ha obligado a postergar a otros planos quizás algunas urgencias.Un curioso día que comienza en conflicto, transita por una decisión, que me ha hecho pensar( hilos del destino, mundos paralelos, el famoso "Y si"? Culminando aquí, plasmando todo lo que me ha pasado por la cabeza. Y.....allá vamos...
Brochadas y pinceladas sobre lo que nos hace decidir.
Decidir no es un acto puntual,es el eco de un portazo que resuena en todas las habitaciones de la vida, es lo que queda después del "sí" o del "no".
Brochada 1: Cada decisión importante es un reflejo de uno mismo.
Cuando eliges un camino y rechazas otro, no estás eligiendo solo un destino. Estás eligiendo quién eres. O mejor dicho: estás descubriendo quién eras ya sin saberlo.
Hay algo aterrador en eso, porque a veces refleja un rostro que no esperábamos. Creíamos ser valientes y resulta que elegimos la seguridad. Creíamos ser generosos y resulta que elegimos el egoísmo. O al revés. Creíamos ser cobardes y resulta que saltamos al vacío sin red.
La decisión no miente. Desnuda. Arranca las capas de autoengaño con las que nos vestimos cada mañana. Por eso duele tanto, no duele tanto lo que se pierde, sino lo que se revela.
Conozco a personas que han pasado años sin tomar una decisión importante. No por falta de oportunidades, sino por miedo, prefieren la niebla de la indecisión perpetua antes que la claridad hiriente de saberse definidos por un acto propio.
Y sin embargo, las decisiones son las únicas herramientas que tenemos para esculpirnos. No se puede tallar una estatua sin golpear el mármol. No se puede forjar un carácter sin el martillo de la elección.
Pincelada 1: El peso de lo no vivido
Hablemos de los fantasmas.
No los de las películas. Los de verdad. Los que se sientan en el borde de la cama a las tres de la mañana. Los que susurran "¿y si...?" cuando el mundo duerme y tú no.
Cada decisión importante asesina una versión posible de ti mismo. El joven que se fue a la ciudad mató al agricultor que podría haber sido. La mujer que dijo "no" a aquel trabajo mató a la profesional que podría haber sido. El hombre que no se atrevió a hablar mató la conversación que podría haber cambiado su vida.
Esos muertos no descansan en paz. Viven en el sótano de la memoria. Y de vez en cuando suben las escaleras y te visitan.
El duelo por lo no vivido es una de las repercusiones más silenciosas y más devastadoras de decidir. Nadie te prepara para eso. Te dicen que elijas con libertad. Te animan a ser dueño de tu destino. Pero nadie te avisa de que la libertad tiene este precio: convivir con los fantasmas de los caminos que no tomaste.
Y sin embargo, hay algo profundamente humano en ese duelo. Los animales no lo sienten. El león no se lamenta por la gacela que no cazó. El río no añora el cauce que no tomó. Solo nosotros, los humanos, tenemos la capacidad ,y la condena, de imaginar lo que no fue y sufrir por ello.
Esa capacidad es la prueba de que estamos hechos de tiempo. De pasado, presente y futuros posibles. Somos la única criatura que habita varios tiempos a la vez. Y en esa multiplicidad reside nuestra grandeza y nuestra miseria.
Brochada 2: La Dimensión Tiempo.
Decidir tiene otra repercusión que rara vez se menciona: la conciencia aguda del tiempo.
Mientras no decides, el tiempo es un océano vasto, aparentemente infinito. Las posibilidades flotan como islas en el horizonte, todas están ahí, todas son alcanzables, pero en el momento exacto en que decides, el océano se convierte en un reloj de arena.
Eliges una isla y remas hacia ella. Y mientras remas, las otras islas se alejan. Se vuelven borrosas. Desaparecen en la bruma. Y tú, con las manos aferradas a los remos, sientes por primera vez el peso del grano de arena que cae.
Esa sensación es irreversible. Una vez que has sentido la finitud del tiempo, ya no puedes volver a la inocencia de creer que todo es posible. Has mordido la manzana del conocimiento. Sabes que elegir es gastar vida. Que cada decisión importante consume una porción irrecuperable de tu existencia, y ese saber cambia la textura de los días, los vuelve más densos, más preciosos, más reales.
Hay quien huye de esa conciencia refugiándose en la indecisión perpetua, creen que si no eligen, el reloj de arena no se activa, pero se equivocan. No elegir también es elegir, es elegir que el tiempo pase sin ti. Es elegir que la arena caiga mientras miras el techo.
Pincelada 2: El cuerpo recuerda lo que la mente olvida.
Las decisiones importantes no se alojan solo en la memoria, se alojan en el cuerpo.
El día que decidiste irte de casa, tus hombros aprendieron una nueva forma de tensión. El día que decidiste quedarte cuando querías huir, tu estómago aprendió a anudarse de una manera concreta. El día que decidiste perdonar, tu mandíbula se desapretó sin que se lo ordenaras.
El cuerpo es el archivero silencioso de nuestras elecciones. La mente puede racionalizar, justificar, olvidar incluso, pero el cuerpo no olvida, guarda cada decisión en forma de contractura, de suspiro profundo, de taquicardia repentina al pasar por cierta calle.
Hay decisiones que tomamos hace décadas y que hoy siguen dictando la forma en que respiramos. Sin que lo sepamos. Sin que lo recordemos siquiera, Esa es quizás la repercusión más íntima y menos visible de decidir: la huella física. La forma en que una elección nos moldea por dentro, cambiando la postura, el gesto, la manera de caminar por el mundo.
Observa a una persona mayor, mira sus arrugas. No son solo el paso del tiempo, son el mapa de sus decisiones. Las de la frente son las decisiones que implicaron sorpresa o preocupación. Las del entrecejo son las decisiones que requirieron concentración y ceño fruncido. Las patas de gallo son las decisiones que trajeron risa, o quizás las que obligaron a entrecerrar los ojos para ver mejor el camino.
El rostro humano es un lienzo pintado por las decisiones. Y lo más fascinante es que casi nadie sabe leer ese mapa. Casi nadie se detiene a descifrar en la cara del otro la historia de sus elecciones.
Brochada 3: La sabiduría de lo elegido.
Y sin embargo, no todo es peso, duelo y contractura.
Hay una repercusión luminosa de decidir que solo aparece con el tiempo, como el buen vino, y es la paz de lo elegido.
Cuando han pasado los años. Cuando los fantasmas de lo no vivido se han ido desvaneciendo porque ya no tienen fuerza para subir las escaleras. Cuando el espejo ya no asusta porque te has acostumbrado a tu propio rostro. Cuando el cuerpo ha integrado la decisión y la ha convertido en una forma natural de estar en el mundo, entonces llega la paz.
No es la paz del que no duda, es la paz del que acepta, del que mira hacia atrás y ve el camino recorrido, con sus tramos rectos y sus curvas inesperadas, y dice: "Esto es lo que hay. Esto es lo que elegí. Y aquí estoy."
Esa aceptación no es resignación, es sabiduría. Es comprender que la vida no se mide por las decisiones acertadas o equivocadas, sino por la autenticidad con que se tomaron. Una decisión equivocada pero tomada desde el corazón deja una cicatriz que con el tiempo se vuelve hermosa. Una decisión correcta pero tomada desde el miedo o la imposición ajena deja una llaga que nunca termina de cerrar.
Al final, lo que importa no es tanto qué decides, sino desde dónde decides. Si decides desde el centro de tu ser, desde ese lugar donde no hay ruido ni miedo ni voces ajenas, la decisión será siempre fértil aunque el resultado no sea el esperado, aunque el camino elegido lleve a un lugar que no estaba en los mapas.
Brochada final: La única decisión que importa
He observado mucho, he visto muchos lienzos, he escuchado muchas historias. Y he llegado a una conclusión que quiero dejar aquí, como un brochazo final, para que repose en el centro del cuadro:
La gran repercusión de tomar decisiones no es lo que consigues, sino en quién te conviertes.El trabajo que obtienes, la ciudad donde vives, las personas que te rodean... todo eso es importante, pero es secundario. Lo primordial es el carácter que se forja en la fragua de la elección. La templanza que se adquiere al sostener el temblor. La lucidez que se gana al mirar al espejo sin apartar la vista. La compasión que nace al convivir con los propios fantasmas.Decidir nos hace humanos. En el sentido más profundo de la palabra.
Una piedra no decide. Un animal apenas decide. Un algoritmo no decide, ejecuta. Solo el ser humano se planta frente a la encrucijada, siente el vértigo de la libertad, tiembla, duda, suda... y luego da el paso.
Ese paso es nuestra firma en el universo.
Así que Hivers...sea una decisión acertada o equivocada, es una de las pinceladas que componen el cuadro de nuestra vida, y ese cuadro, con todas sus imperfecciones, es irrepetible.
PARA CURIOSOS: Pintura de portada.Indecision de Clinton Hill. Tomado de...https://americanart.si.edu/artwork/indecision-85549
Significado: La obra traduce visualmente el titubeo y la parálisis momentánea que acompaña a una elección importante. Las masas de color no están fijas; parecen estar a punto de inclinarse hacia un lado u otro. Representa ese instante de tensión contenida antes de inclinar la balanza y asumir las consecuencias.