
Hola amigos Hivers. Hoy, esta tarde, no vengo con ningún lienzo. Vengo con una de las historias de mi vida. Mi abuela Doris, que paradójicamente se llama igual que ese pez de " Buscando a Nemo" y sus terribles problemas de memoria que generalmente le sirven para llevar a feliz término sus situaciones. Quiero pedirles disculpas de ante mano por la calidad de las fotografías, alguna permanece detrás de un cristal, paradigma de tiempos anteriores, decidí no embellecer, no arreglar con App de IA, porque esto es real, verdadero, y eso mis amigos.....no lo cambio por nada.

Este post no debería existir.
Debería ser innecesario como una vela encendida al mediodía, debería ser una página en blanco, un archivo que nunca se creó, una idea que se desvaneció antes de nacer. Pero aquí está, ardiéndome en los dedos, pidiéndome que lo escriba con el mismo pulso con el que se sostiene una mano que está a punto de soltarse para siempre.
Este post no debería existir porque significa que mi abuela Doris ya no es la que era, y sin embargo, existe. Porque necesito que, cuando todo lo demás se borre, quede esto.
**La raíz de mi alma se llama Doris
**
Hay personas que no te crían con leche ni con pan, te crían con presencia. Doris fue esa presencia, una mujer pequeña de cuerpo pero inmensa de espíritu, de esas que parecen hechas de una madera antigua que el tiempo no astilla, sino que pule. Ella fue mi suelo firme cuando el mundo temblaba, mi primer diccionario de la vida, el espejo donde aprendí a reconocer mis emociones antes de saber nombrarlas.
No me enseñó matemáticas. Me enseñó que si repartes lo poco que tienes, la tristeza se divide y la alegría se multiplica, que si no tienes para compartir?...entonces no muestres delante de los demás. No me enseñó historia, me enseñó que el pasado importa, porque en los ojos de tus abuelos habita la memoria de lo que fuimos. No me enseñó a hablar inglés ni a escribir código, me enseñó a leer los silencios de la gente, a escuchar el llanto disfrazado de risa, a ofrecer un abrazo sin que nadie lo pida.
Ella fue el amor que no espera recompensa, el amor que madruga para calentar la cocina, el amor que guarda migas de pan en el bolsillo(por si aparece algún pajarito con hambre). El amor que remienda calcetines rotos mientras tararea canciones que ya nadie recuerda.
Todo lo que sé del bien, lo aprendí de ella.
El lento naufragio del alma
Ahora bien, ¿cómo se narra el naufragio de un alma sin romperse?
¿Cómo se describe la niebla que entra sin permiso y va ocupando las habitaciones de una mente que antes estaba llena de luz, de nombres, de cumpleaños, de recetas cocinadas mil veces?
El Alzheimer es un ladrón silencioso pero meticuloso. Primero te roba las llaves de la casa, luego los días de la semana, luego el nombre del vecino, luego el rostro de tu hija y finalmente… finalmente te roba el alma, porque un día se miran las manos arrugadas y ya no saben que esas manos cargaron hijos, nietos, ollas, tristezas y tempestades.
Hace unos días, mi abuela me miró largamente( o eso pensé yo) había un destello de reconocimiento en sus ojos color de lluvia, pero se apagó antes de que pudiera atraparlo._ “¿Tú eres…?”_, me dijo. Y no terminó la frase, porque ya no había frase que terminar. Se había perdido en un pasillo interior que yo no podía recorrer.Y yo?.....me quedé allí, congelada, sosteniendo un amor tan grande que no encontraba destinatario.
¿Cómo se abraza a alguien que ya no recuerda que te quiere?
¿Cómo se besa una mejilla que se ha vuelto paisaje ajeno?
¿Cómo se sigue siendo nieto cuando la abuela ya no sabe qué significa esa palabra?

Esta tristeza no es un grito, es un silencio denso, pegajoso, que se te instala en la garganta antes de dormir. Es un duelo sin cadáver. Es un “te quiero” que se estrella una y otra vez contra la pared de cristal del olvido.
Inmortalizar un amor en la cadena del tiempo
Por eso escribo aquí, en Ecency, en la blockchain de Hive.
Quizás suene extraño, casi poesía cibernética, pero necesito que este post quede sellado para siempre, algo así como un fósil digital, como un relicario tejido de unos y ceros que sobreviva a las guerras, los apagones( Cuba, mi Cuba querida, también dueles).La muerte del sol, la extinción del último ser humano.
Imagino un tiempo lejano en el que ya no existan nietos ni abuelas, en en el que el concepto de “hogar” sea una rareza arqueológica. Imagino a otros seres (formas de conciencia que hoy no sabríamos describir) buceando entre los bloques dispersos de la cadena de Hive. Encontrarán transacciones antiguas, contratos extintos, nombres de usuarios olvidados… y entonces, de repente, se toparán con este post.
Quiero que se detengan extrañados. Que inclinen la cabeza como quien descubre una partitura musical de una civilización extinta, quiero que analicen mis palabras y se pregunten: ¿qué era esto? ¿Qué clase de energía movía a estos seres llamados humanos a escribir cosas así en una cadena inmutable?
Que investiguen las diferentes clases de amor que florecieron en la Tierra. El amor de pareja, el amor de amistad, el amor a los hijos, el amor a las ideas, el amor a uno mismo, y entonces se encontrarán con esta cosa inexplicable: el amor de abuela.
Amor de abuela, que es un amor asimétrico. Un amor que no pide que le devuelvan nada, amor que envejece sin condiciones, que da calor aun cuando ya no recibe leña para su propio fuego. Un amor que es raíz pura, que conecta generaciones hundiendo sus dedos en la tierra fértil del cuidado.
Quiero que esos futuros exploradores del pasado sepan que hubo una mujer llamada Doris que representó ese amor como nadie, que fue buena hasta el último centímetro de su paciencia(la mejor persona que he conocido). Que me crió. Que me enseñó que la bondad no se declama, se ejerce con los gestos más pequeños.
Quiero que, leyendo esto, comprendan que el amor de abuela era, quizás, el único amor que se parecía un poco al concepto de eternidad que tanto perseguimos.
Una vela en la niebla
Mientras tanto, aquí en el presente, yo me siento cada tarde junto a su sillón. Le acaricio las manos, esas mismas manos que me enseñaron a aplaudir, a rezar, a amasar, a despedirme, a veces ella se queda dormida con la cabeza inclinada como un pájaro cansado, otras veces me mira con una ternura vacía, sin saber quién soy, pero intuyendo, quizás en lo más profundo de su pecho, que esta desconocida que la visita es importante.
Yo le hablo bajito, le cuento cosas que no recordará dentro de dos minutos. Le digo que todo va a estar bien, aunque los dos sabemos que no es cierto. Le doy las gracias por haberme educado, por haberme querido sin medida, por haber sido mi segunda madre, o mi primera, porque las madres no son las que paren, sino las que eligen acompañarte mientras creces.
Este post no debería existir, Doris. No debería hacer falta escribirlo porque tú deberías poder leerlo y entenderme, pero ya no puedes, y ese vacío es tan inmenso que la única forma que tengo de llenarlo es dejar aquí, grabado por siempre en la blockchain de Hive, el testimonio de que tú exististe. De que me amaste. De que tu amor fue el material más noble con el que se construyó mi alma.
Que el universo entero sepa, por los siglos de los siglos, que hubo una mujer llamada Doris.
Que fue abuela.
Que fue raíz mientras el cielo se caía.
Y que, aunque ahora la niebla le robe cada recuerdo, su amor permanece. Inalterable. Eterno.
Porque este post, que no debería existir, ya existe, y ya nada ni nadie podrá borrarlo. Ni siquiera el Alzheimer. Ni siquiera el fin del mundo. Ni siquiera el silencio infinito del cosmos.
Doris, vivirás para siempre en esta cadena.
Y yo, tu nieta, te llevo grabada en la única blockchain que nunca falla: la del corazón.
Para curiosos: La foto de portada es de la artista Florence Winterflood. Su título es Alzheimers Disease. Es una interpretación artística de la enfermedad creada poco después de que "Mama", la abuela de la artista, se mudara a una residencia. La descripción de la propia Florence Winterflood es muy poderosa: "Perdió mucho peso, y una matriarca ancha y fuerte se convirtió en una mujer débil, como un pajarito. Sin embargo, por muy pequeño que se volviera su cuerpo, sus manos permanecieron grandes y fuertes y capaces". La obra muestra esas manos grandes y fuertes, fragmentadas como los recuerdos y los pensamientos en una mente con Alzheimer. La representación del cuadro se tomo de https://wellcomecollection.org/works/zu2tvzge.
Las fotos de mi abuela son de mi autoría.