No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura. 1984, George Orwell.
Siempre he pensado que el ser humano es maravilloso pero también tiene sus facetas oscuras y mucho de su ingenio es usado indebidamente. Basta con detenernos a investigar un poco de historia y nos toparemos con las famosas bombas atómicas lanzadas sobre la población de Hiroshima y Nagasaki para comprender el poder destructivo que tiene el hombre y ese es solo un ejemplo.
La tecnología avanza a pasos agigantados y esto es un proceso que ya no se puede detener, sin embargo se debería hacer un mejor uso de ella pese a que no estamos exentos de que poderosos intereses coaccionen buenas intenciones. Un buen ejemplo de esto es la intención de algunos estados en restringir el uso de internet para aumentar su poder y dominio sobre la población con una excusa de vigilancia y protección a sus ciudadanos.
Estas no son más que intenciones para violentar un derecho humano: La libre expresión, el opinar y debatir y muchos no estamos dispuestos a perder ese derecho ni siquiera cuando otras personas expresen algo con lo que no estamos de acuerdo, así como dice la famosa cita de Evelyn Beatrice Hall (que por cierto es atribuida a Voltaire) “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo”. Una vez que este derecho es destruido, se derrumban las bases de una sociedad productiva y los frutos empiezan a pudrirse y es en este tipo de situaciones en donde muchos escritores expusieron sus ideas, en donde el rumbo en que se encontraba encaminada la humanidad no estaba bien.
Cuando George Orwell escribió 1984, solo habían pasado 4 años desde que la segunda guerra mundial se desató y es con esta visión entre dos bandos extremistas (el fascismo y el comunismo) que el autor desarrolló esta magistral novela, que nos trajo un término ampliamente usado como “El gran hermano”, sinónimo de represión, vigilancia y de autoritarismo, cosas que lamentablemente se viven en países como Corea del Norte, Cuba y Venezuela, unos con mayor intensidad que otros. No cabe duda la influencia que ha tenido para muchos escritores este libro, pero si fuese aún más difundido, como referente educativo, estoy seguro que le abriría los ojos a más de uno.
62.400 repeticiones hacen una verdad. Aldous Huxley en Un mundo Feliz
Por otro lado tenemos a la obra maestra de Aldoux Huxley, “Un mundo Feliz”, en donde se narra un ambiente de “felicidad” mantenido por técnicas genéticas como la eugenesia en donde cada ser humano nace para hacer una labor específica, desposeyendo la libertad de elegir su propio destino. Ninguno de los ciudadanos de Un mundo feliz parecen percatarse de que son utilizados ni de que viven en una prisión mental debido a que la guerra y la pobreza han sido eliminadas a costa de lo que nos hace ser humanos.
Una de las cosas que más me impactó de esta novela es que la sociedad está divida en clases o castas en las cuales sus ciudadanos permanecerán inexorablemente hasta el fin de sus días, comenzando con los gammas que son prácticamente infrahumanos, personas con poca inteligencia creadas para labor obrera hasta los alfas que lideran la cadena.
En Farenheit 451 de Ray Bradbury, los libros son quemados, una premisa que nos puede parecer a primera vista una locura pero tiene sus razones. El mundo que Bradbury se imagina, es una sociedad en decadencia cultural, la apatía imperante hace que las personas caigan en una desidia intelectual, promoviendo que en la ignorancia, se goza de la felicidad, ya que al no pensar no se sufre. El Estado, en el mundo de Bradbury, se propone a quemar todos los libros y las casas en donde se encuentren estos, sin embargo el protagonista un inconforme social, decide no aceptar este hecho.
“Un libro es un arma cargada en la casa de al lado ... ¿Quién sabe cuál puede ser el objetivo del hombre que ha leído mucho?” Fareneheit 451 de Ray Bradbury.
En la sociedad actual, muchas veces la cultura no es bien vista, las noticias en medios televisivos raramente nos informan de eventos científicos o realmente artísticos porque son solapados con prensa fresa que es aparentemente interesante, más no importante, en mi humilde opinión.
Estas son las tres obras clave en la literatura distópica, sin embargo hay muchos títulos más y que beben de la fuente de estas. Sin necesidad de recursos científicos, José Saramago, en “Ensayo sobre la ceguera”, nos traslada a un mundo en donde la gente pierde la visión y las consecuencias de esto son nefastas. Las personas sin vista son aisladas, mientras que en ese aislamiento son condenadas a vivir en una situación deplorable y los más bajos instintos humanos se hacen presentes.
La industria cinematográfica ha estado muy presente en cuanto a la descripción de estos mundos hostiles, en películas como “La naranja Mecanica” de Stanley Kubrick, podemos visualizar un mundo caótico y decadente, lleno de violencia sin tapujos, pero hecha de una manera elegante.
Elysium de Neill Blomkamp, nos sumerge en un mundo futurista en donde el clasismo es latente; la clase baja es condenada a la miseria mientras que la clase alta goza de todos los lujos, protección y tecnología para vivir en un mundo “digno”.
Como podemos apreciar la mayoría de estos títulos son un reflejo de nuestro presente, son una voz interior que clama injusticia que nos previene de un futuro desastre si seguimos en este camino. Muchos argumentaron que George Orwell, al momento de escribir 1984 era un exagerado, pero lo cierto es que estamos viviendo en circunstancias similares y considero que no es algo que debamos permitir. Es cierto que siempre existirá la codicia y la ambición desproporcionada, pero en una sociedad pensante y no tan solo consumista, creo que eso paulatinamente podría cambiar y dar un giro a las cosas.
El leer o ver una distopía nos hace despertar nuestra conciencia de una manera que puede resultar chocante, sin embargo así pudiese ser la realidad en un futuro, cruel, hostil y sin piedad, donde la voluntad de uno es la ley para todos, en donde los valores y las opiniones se pierden en el olvido y lo que me da más pánico, el libre pensar sería un sueño olvidado. No dejemos que el constante bombardeo de información manipulativa nos arroje a un vacío de ignorancia, seamos reflexivos y tengamos más conciencia acerca de nuestro alrededor y de esa manera se podrá construir un mundo verdaderamente global y sin fronteras.