Yo recuerdo que, cuando empecé a escribir, nunca pensábamos en el éxito o en el fracaso de un libro. Lo que se llama éxito ahora, no existía entonces. Y lo que se llama fracaso, se descontaba. Uno escribía para uno mismo, y, acaso, como decía Stevenson, para un pequeño grupo de amigos. En cambio, ahora se piensa en la venta, sé que hay escritores que anuncian públicamente que han llegado a la quinta, a la sexta o a la séptima edición, y que han ganado tanto: todo eso hubiera parecido totalmente ridículo cuando yo era joven. O, mejor dicho, más que ridículo hubiera parecido increíble. Se hubiera pensado que un escritor que habla de lo que gana con sus libros, lo hace como diciendo: “Yo sé que lo que yo escribo es malo, pero lo hago por razones comerciales, o porque tengo que mantener a mi familia”. De modo que yo veo esa actitud casi como una forma de la modestia. O de la mera tontería. Jorge Luis Borges.
No estoy en contra de que un artista produzca dinero a través de sus obras, lo que me parece indignante es producir y crear algo “artístico” como si fuese un producto como la Coca-Cola o una empresa, tratando de conseguir solo beneficio monetario a costa de pobres incautos que se dejan llevar por una tendencia consumista, “Si este libro es un best-seller, hay que comprarlo”.
La visión posmodernista del arte me parece vacía, carente de expresión y en muchos casos de significado y gracias a esta tendencia el arte se está marchitando y cada vez se producen más productos y menos obras auténticas. No quiero decir con esto que hay que ser un romántico y vivir como en la época victoriana, solo es necesario ser auténtico porque el arte no es una moda, es algo que busca en muchos casos trascender.
Las ideas sobreviven y el dinero va y viene, por eso no podemos tolerar la deshumanización de lo que nos hace ser, seres humanos: El poder creativo.
Producir una obra, bien sea una pintura, una novela o una canción, de manera desinteresada y que luego sea aclamado por el público es algo que no tiene precio, no se puede comprar la satisfacción. El dinero es una ilusión de felicidad y así como es necesario para sobrevivir se puede extrapolar a ámbitos artísticos, es lo justo para un artista, pero desarrollar una idea de manera manipulativa con una campaña de marketing, sabiendo que no hay un producto de calidad sino basura reciclada, es algo vil y despreciable.
Esto está pasando en todos los ámbitos artísticos y quizás el más afectado sea la música que cada día empeora en calidad, cada día hay menos notas, cada día hay menos pasión, cada día hay más plasticidad, cada día hay menos genuinidad. La innovación es frecuentemente destinada solo a una elite de snobs, que buscan ser pretenciosos sin comprender el significado de lo que dicen entender.
Letras como: "Me gustan las chapas que suenan placata placata placata placata", inundan actualmente el panorama musical, lo que me parece una verdadera tragedia
No es necesario ser Kakfa, Dostoyevski, Mozart o Leonardo Da Vinci para ser un artista, ya que estos personajes estaban verdaderamente dedicados al arte y dieron su vida buscando la excelencia y en estos tiempos acelerados es difícil dedicarse por entero al arte, como un ermitaño, pero por lo menos debería haber ciertos estándares a la hora de apreciar y de crear una obra artística.
Esto es un tema complicado, ya que la apreciación es completamente subjetiva, lo que es bueno para unos es malo para otros, pero hay cosas que se están escapando de lo que es el arte como definición, produciendo “obras” ininteligibles, con pobre desarrollo, sin reflexión alguna, sin amor al arte. La música popular no cambia sus paradigmas, siempre se usan las mismas escalas (de haberlas), los mismos patrones una y otra vez, cansando el oído con una verborrea vulgar y desagradable. Los músicos cada vez son menos arriesgados y si esto sigue con esta tendencia, seguiremos escuchando refritos disfrazados de “música contemporánea”.
En la literatura, las estanterías de las librerías están repletas de best-sellers con contenido vacuo, solo por la alta inversión publicitaria que se les ha dado, no ofreciendo así un verdadero mensaje y priman sobre verdaderas joyas empolvadas, que editoriales comprometidas buscan exponer.
La calidad está siendo relegada por la popularidad, por la venta masiva y son los medios de comunicación que fomentan el “entretenimiento puro”, ya los autores de culto son casi inexistentes, las películas fuera de Hollywood la mayor parte del tiempo son infravaloradas porque rompen con los estándares cinematográficos y la cultura en general es producto de reacciones reacias por parte de muchas personas. Ahora se aboga por lo interesante y lo verdaderamente importante es dejado a un lado.
Por otro lado, hay cosas que no son subjetivas, como por ejemplo si algo está bien hecho, independientemente si no nos gusta el género o la temática en cuestión de la obra. Hay muchas obras de culto que pueden llegar a ser muy densas o tediosas, pero tienen una calidad literaria excepcional, quizás más reservada para la élite, sin embargo la literatura popular no ha de ser vacía y sin sentido, como se está produciendo muchas veces en la actualidad. Stieg Larsson lo demostró con “La trilogía Millenium” que fue un auténtico boom para las masas, siendo entretenida y con una buena trama. Existía un balance entre arte y marketing en estas novelas, que en otras no es palpable, pese a la dura crítica que se les hace a estos escritores de cartón, siguen siendo éxito de ventas, por su facilidad de lectura (muchas veces redundante).
Cada quien tiene derecho a leer, ver y escuchar lo que quiera, mi crítica es hacia la manipulación de los medios por hacernos ver que algo es “majestuoso” cuando no lo es, apoyo a la cultura porque a día de hoy parece ser la única manera de oposición frente a un sistema opresor de ideas, en donde el pensar y tener ideas frescas es mal visto y seguir la corriente es la única opción. Salirse de los paradigmas afecta los sentidos de la gente acostumbrada a algo homogéneo.
Apoyo a todos los artistas desinteresados, que exponen sus ideas con amor a lo que hacen, con una pasión que no mengua. Si los resultados de sus obras son en un futuro aclamados por la crítica, son bien merecidos, porque contribuyeron con verdadera vocación al arte, cosa que cada día se está dejando atrás.
Abramos un poco nuestra mente y veamos el otro lado de la moneda que tiene mucho que ofrecer, dejemos de concentrar toda nuestra atención a las vallas publicitarias, porque estas pronto se oxidan pero una verdadera joya es inmortal.