Llegó la adolescencia y ahora, ¿qué pasará? ¿Se volverá indomable? O para algunos, "inmamable". No hay fórmula mágica para suavizar esa revolución hormonal. Sin embargo, mi experiencia me dice que las “groserías”, “malas contestas”, “altanerías”, "faltas de respeto" y un largo etcétera, no comienzan al pisar la pubertad. Por el contrario, son una suma de aspectos que no se corrigieron en sus primeros años y que ahora se han potenciado. OJO: corregido no es igual a maltrato. Sino es tener presente las señales de atención enviadas previamente. No soy experta en el tema de la maternidad. Solo tengo una hija de 13 años, con quien voy surfeando esta ola de la mejor manera posible. Tenemos días como nos ven en esa gráfica, pero también hay otros en que nos provoca enviarnos mutuamente para Marte, pero allá nos volveríamos a encontrar, así que hemos convenido que lo mejor es resolver nuestras diferencias anteponiendo siempre el amor que nos tenemos. Esto no es un lugar común. Se trata de aprender que las ofensas duelen y no resuelven. El contar hasta 10 o hasta 100 –dependiendo del momento- sigue siendo infalible. También hemos descubierto en los abrazos una excelente vía para reencontrarnos. Esa foto me encanta porque vamos tomadas de la mano, así como cuando era chiquita y la llevaba a su colegio. Ya hoy se prepara para emprender su propio vuelo, mientras ese momento llega, seguiré sujetando su mano, respetando sus pasos y su tiempo al andar.