La vida es una montaña rusa, tiene altos y bajos, cruces y doble vía, esquinas donde debes detenerte y pensar en lo que estas haciendo y en lo que viene, semáforos que te indican si algo estas haciendo mal, si vas bien y sigue adelante o simplemente ve bajando la velocidad que estás por estrellarte. Tiene vías angostas por las que debes pasar con precaución a fin de notar lo que vas haciendo y te da la oportunidad de detenerte, aunque también son angostas para probar tus fortalezas y porque de ellas tienes algún aprendizaje.
Entre tanto, todo lo que en ella pase es para enseñarte como debes actuar y seguir el rumbo, es cuestión de cada quien si se monta y pone bien los seguros, no se monta o se monta y no toma precaución. Lo importante es que si nos montamos, llevemos el ritmo y tratemos de prestar atención a las señales o de lo contrario vamos directo al precipicio donde sólo nos esperan las lamentaciones.
Si tienes tu rumbo definido, la vía será más fácil y si se presentan baches lleva el equipo necesario, que va desde tus ganas de arreglarlo, el ánimo de pasarlo tomando lo positivo, hasta reír de lo sucedido como una experiencia por si se presenta otro. Sólo tu eres capaz de vencer los obstáculos, nadie los hará por ti, no aprenderán por ti, debes arriesgarte a vivir esta montaña rusa y disfrutar del viaje. Llegará el momento de bajarte y ver todo lo recorrido, con la diferencia que habrás llegado al final, con la meta cumplida y con las ganas de volver a montar otra con diferente meta.
Por otra parte, si te has montado y ves que en el camino tus seguros están flojos, ¡no temas!, agárrate con fuerza y afronta las adversidades con fortaleza, se tú quien decida como seguir y toma la mejor dirección. Si estas acompañado, invita al otro a que sea parte de tu aventura y pasen por la montaña apoyándose y aprendiendo de si mismos
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