*De un crujir sacrílego de perspectivas abruptas
de una caricia de la sombra iluminada
un parecer complejo de sentires cálidos,
perfumados como aire de primavera.
Guiarse por la icónica luz del mediodía
con la forma de los atardeceres que rezuman conciencia
juego de las huellas del camino
ausencia de la herida meretriz.
Qué insolente se muestra el desánimo de los vacuos de alma,
qué lúgubre el cuerpo etéreo de su presencia.
Cabizbajo y algodonado cae la incertidumbre del porvenir,
ajena clavícula de un tiempo remoto,
la angosta avenida de la memoria
su esencia remota del desamparo.
Hay quien vive a lo lejos,
hay quien sucumbe al tiempo,
una vuelta a lo interno, una afinidad del ser en nuestro sueño nocturno,
la vida como hogar del presente.*
Para Lydia.