EL SOLDADO sujetó al perro y con desconfianza se asomaba a la puerta vigilando por si alguien más se acercaba. Era consciente del peligro en el que estaban. La zona no estaba libre de las patrullas enemigas, y sus propios pares podrían iniciar un ataque en cualquier momento. Se preguntaba cuantos días se habían ocultado en aquella sucia habitación. Soldados entrenados y con pleno vigor no duraban ni una hora en aquel territorio hostil, por lo que ver a un viejo herido y su pequeño niño aún vivos, era para él una proeza.
—Sé que hay mucho frio, pero debemos apagar esa fogata. Su luz se ve desde la calle —dijo el soldado Cory.
—La encendemos únicamente para cocinar, de todas formas no tenemos mucha leña disponible —declaró el viejo John.
—¿Y tienen comida disponible aquí? —preguntó Cory con incredulidad.
El perro se acercó al niño olfateándole las manos que ocultaba detrás de sí.
—No te morderá, es solo un cachorro —le aseguró el oficial.
—Mi nieto siempre logra conseguir algo en el edificio —respondió el viejo haciendo un gran esfuerzo al hablar.
Timothy dejó ver lo que traía en las manos para la cena. Una gran rata que había cazado en habitaciones vecinas. La sujetaba por la cola enseñándosela al soldado. Cory la vió con asco y dio una mirada de lastima al niño y su abuelo. Sacó carne enlatada de su reserva y se las ofreció en lugar del roedor.
El oficial apagó el fuego mientras comían. Deseaba saber más de estas personas. El sonido de las bombas a lo lejos le recordaba por qué estaban en esa lastimosa condición. Pero sentía curiosidad por la triste historia que acompañaba al viejo y su nieto. Todos tienen una triste historia que contar en la guerra, todas con finales infelices. Él no quería terminar así, por eso huía de aquel desastre.
—¿Los padres del chico? —preguntó directamente.
—Escaparon a la región del oeste —respondió el abuelo y agregó—: Cuando empezaron los ataques fueron allá a buscar un lugar para la familia entera. A mí me dejaron al cuidado de Timothy por un par de días, pero luego cerraron las carreteras y no pudieron volver, ni nosotros salir.
Parecía que se había aprendido esa respuesta de memoria. Al soldado no le costó mucho percibir que eran puras mentiras, que aquellos padres seguros estaban muertos, y que quizá no se atrevía a decirlo francamente al niño; sobre todo porque al oeste no quedaba ningún refugio. En esa dirección estaba el frente de la batalla, de allí venía él. También se le ocurrió que el viejo podía estar demente, aferrado a una esperanza irreal donde su familia vive en seguridad lejos del conflicto; esperando unírseles pronto.
—¿Tienes hermanos? —preguntó al niño.
Timothy miró a su abuelo con temor, como esperando que le dijera que hacer o que decir. John apenas respiraba, y reuniendo algo de fuerzas le ordenó a su nieto:
—Respóndele a este hombre, no va a hacerte daño.
Timothy asintió con la cabeza, e indicando con la mano dijo:
—Tengo una hermanita, una bebe. Su nombre es Sheyla.
El viejo y el soldado se miraron el uno al otro. Como queriendo comunicarse algo sin que el niño supiera. Cory entendió entonces la trama de la historia de esta familia. Comprendió que aquel hombre herido solo intentaba proteger a su nieto de las bombas y las balas, de morir de hambre y frio, de perder la esperanza o las ganas de vivir; lo estaba protegiendo de la realidad de la guerra.
El viejo entonces comenzó a quejarse de dolor. El soldado se inclinó sobre él y se dio cuenta de que estaba muriendo. La infección estaba ya muy avanzada y las pésimas condiciones del lugar no ayudaban mucho. El niño se arrodilló al lado de su abuelo y con ojos llorosos le pedía que no lo dejara solo. El viejo, perdiendo el aliento, alcanzó a pedirle a Cory que cuidara del niño, que se lo entregara a sus padres en el oeste, hizo una mueca con la boca, como queriendo dar un gran grito; y entonces murió.
—¡John! ¡John! —gritó Cory inútilmente.
Timothy se arrojó sobre su abuelo muerto, llorando desconsoladamente. Cory lo apartó y dándole un abrazo paternal intentó consolarlo. También debía hacer que se callara, pues aunque entendía su profundo dolor. Si alguien lo escuchaba, terminarían igual que el pobre viejo.
Cuando el niño se calmó, cubrió el cadáver de John con su gabardina. Era una señal de respeto, lo hacía por el niño, pues los muertos no sienten frio. Llevó a Timothy a otra habitación del edificio y allí trató de hablar con él.
—¿Timothy, me escuchas? Vas a estar bien amiguito, te prometo que buscaremos a tus padres. ¿De acuerdo? —dijo Cory dulcemente.
Timothy parecía retraído, como profundamente perturbado por lo ocurrido. Cory sabía lo horrible que era ver morir a alguien, en especial para un niño. No esperaba que le respondiera palabra alguna, pero Timothy lo hizo.
—Yo no tengo padres, murieron hace semanas —dijo con voz ronca secándose las lágrimas.
Cory lo miró sin interrumpirlo, el niño quería desahogarse hablando; contándole la verdad.
—Cuando empezó la guerra mi padre trabajaba en el hospital como cocinero. No nos fuimos del pueblo porque mamá enfermó con fiebre y le costaba caminar. Aunque el hospital estaba cerrado papá lograba entrar y sacar medicinas para ella. Hasta que una bomba lo mató. Casi todo el hospital quedó destruido. Después de eso mamá se quedó sin medicinas. El abuelo intentó conseguirlas pero lo hirieron en la pierna. Mamá murió algunos días después y el abuelo se volvió loco. Decía que ellos se habían ido al oeste y que volverían por nosotros —hizo una pausa para secar sus lágrimas de nuevo, el soldado lo escuchaba atentamente— Yo tuve que enterrar a mi madre solo, lo hice en el patio de este edificio.
—¿Y tu hermana… Sheyla? —preguntó Cory.
—Nunca existió, yo no tengo hermanos. Pero mi abuelo insistía que sí, se molestaba cuando le decía lo contrario así que comencé a seguirle la corriente.
—¿Cuántos años tienes?
—Nueve.
El perro se puso a lamerle el rostro al niño, como si sintiera su dolor y quisiera consolarlo. Quizá compartían una historia parecida pues desde ese instante se ligaron sentimentalmente el uno al otro.
—¿Tiene nombre? —preguntó el niño acariciando al perro.
—No le he puesto ninguno, apenas lo conocí hoy.
—¿Puedo quedármelo?.
—Es todo tuyo —indicó el soldado.
—Lo voy a llamar Dosher.
—¿Cómo el de la película? —preguntó el soldado extrañado.
—Si, se parece mucho —respondió Timothy.
El niño parecía haberse calmado. La conversación con el soldado le había hecho bien. Se recostó en el suelo para dormir un poco, pero Cory lo detuvo.
—Timothy, sé que es muy tarde, pero no podemos quedarnos, aquí es muy peligroso. Debemos movernos hacia la línea de la frontera. Tenemos que irnos ahora mientras es de noche.
El niño no entendía bien la petición del soldado. Pero le obedeció y se puso de pie listo para partir. De pronto una gran nube de polvo llenó la habitación y un estruendo los ensordeció totalmente arrojándolos al piso. Había caído una bomba en el edificio.
continuará…
Héroe de guerra (primera parte)
Héroe de guerra (segunda parte)
"La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que si se conocen pero que no se masacran" Paul Valéry
Todas las imágenes son cortesía de Pixabay.com autorizando su uso al autor del blogbajo licencia CC0. Si te ha gustado el relato, no dudes en compartirlo y apoyar al escritor.
