Si te perdiste alguno de los capítulos anteriores de esta novela, puedes leerlos en el siguiente menú.
Héroe de Guerra 1 2 3 4 5 6 7 8
9Décima parte...
Las detonaciones cesaron y un desolador silencio se apoderó de toda la avenida. Luego de una pausa, los soldados de la S-OBER gritaron eufóricos su triunfo. Alchz sonreía sínicamente mientras caminaba pateando los cuerpos de los enemigos caídos.
Bajo una montaña de escombros, apenas se distinguía el uniforme del soldado Baus. Cuando le enseñaron el cuerpo al sargento Alchz, este lo miró en silencio, y luego de una pausa ordenó que lo sacaran.
—El alto mando querrá saber quién fue el insigne soldado que acabó con el ataque enemigo —dijo Alchz con tono sarcástico.
A los pocos días, muy lejos del calor del conflicto, una mujer se esmeraba por racionar las porciones de verduras para ella y su pequeño hijo. El llamado seco y sombrío de los golpes a su puerta le parecieron la voz de la tragedia, una voz que escuchó muchas veces desde que su esposo fue reclutado para la guerra. Las veces anteriores terminaron en alivio cuando, al asomarse por la mirilla, descubría a una vecina que solicitaba algo de azúcar, o a un ministro religioso ofreciendo esperanza.
Esta vez era diferente. El elegante sujeto vestido de uniforme, y el sobre blanco con el sello del ejército, le partieron el corazón en mil pedazos.
Finalmente se unía a la larga lista de viudas que deambulaban solas por el pueblo. La guerra es una eficiente fábrica de viudas. Su pequeño hijo se convertía así en un huérfano, cuyo padre sería un mero recuerdo en el tiempo, una foto enmarcada para mostrar con orgullo a amigos y conocidos.
Cuando la mujer leyó el contenido de la carta. Abrazó a su pequeño y prorrumpió en llanto.
”Estimada Sra. Baus. El alto mando de la división S-OBER a cargo de las acciones de reconocimiento en el frente de batalla, cumple con el penoso y funesto deber de avisarle de la muerte en combate del soldado Cory Baus” —decía en parte la nota.
La noticia se esparció rápidamente en aquella comunidad de granjeros. Pronto, muchas otras viudas se acercaron para ofrecer sus condolencias. El pequeño niño Baus apenas entendía lo que ocurría. La gente parecía acostumbrada al dolor de la muerte. Cierto aire de normalidad se sentía en el ambiente.
Cuando finalmente llegó el cuerpo del soldado Baus a casa, se organizó un funeral tanto para él, como para otras víctimas locales.
Una modesta guardia de honor acompañó a los féretros durante el oficio religioso. Un par de altos cargos estaban presentes para entregar una bandera y una medalla póstuma. La razón de tan vistosa ceremonia podía entenderse al leer una placa conmemorativa que adornaba la tumba del que fuera el soldado Cory Baus.
”Aquí yacen los restos de un valiente y gallardo soldado. Un patriota que entregó su propia vida al servicio de su nación. Con dolor lloramos la pérdida de tan ejemplar militar, quien muriera cumpliendo con su deber y salvando la vida de muchos otros compañeros soldados. Un hombre digno de imitar, un HÉROE DE GUERRA”.
Cañonazos de fusiles al aire, flores rojas tendidas sobre el ataúd y pañuelos blancos empapados en lágrimas; imágenes que se repetirán muchas veces más en el tiempo mientras el hombre insista en dominar a otros.