Mi barquito de papel.
Un mar azul de tranquilas aguas apareció ante mi vista afortunada este lunes de agosto.
Desde ese árbol de frágiles ramas podía apreciar los pequeños barcos que, uno tras otro, se dirigían en horas de la mañana hacia un lugar que yo desconocía, y hacia donde llevaban ropa fina, por lo cual me dieron ganas de buscar el barco de papel con el que jugaba en mi infancia.
Dije para mis adentros.
.- No se diga más.
Y decidí bajarme del árbol, llamé a Belkis, a Orsini, a "Hueso" Guevara y a mis dos hermanas, para que me acompañaran hacia mi pueblo natal Las Mercedes del Llano. Ahora sí supe que los barcos iban a ese destino.
En el trayecto nos contábamos vivencias de cuando éramos niños que jugábamos con barcos como esos que iban delante de nosotros y, para que ustedes sepan, mi barquito era el más potente de todos ellos.
Mirar ese cielo tan claro y hermoso, nos distrajo a lo largo de la ruta que también se combinaba con las montañas medio verdes con algunas calvas o pelones como la cabeza de don Tano, el vecino viejo de nuestra casa. Cielo que era manto de la grandeza de Dios.
Orsini me pedía insistentemente que adelantáramos los otros barcos, pero Belkis no estaba de acuerdo y, como siempre las damas han sido de mi predilección para las decisiones, calló y dejó que la marcha fuera igual.
¡Y llegamos al puerto!. "Hueso" Guevara sonreía pícaramente mientras sacaba una talega donde había unas metras de distintos colores y las afamadas "molondronas" para jugar las sabrosas y disputadas partidas.
Y cada vez que me subo a las frágiles ramas de ese árbol, me dan ganas de desempolvar mi barquito de papel y cruzar por esas azules aguas de libertad, en las cuales necesitamos navegar los venezolanos.