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Hoy, 4 de febrero de 2018, se cumplen 26 años de la insurrección militar liderada en aquel entonces por el comandante Hugo Rafael Chávez Frías.
Empezaba a correr el cuarto año de mandato del fallecido presidente Carlos Andrés Pérez. Un Golpe de Estado, tambaleó su período, ciclo que estuvo marcado por hechos de corrupción, protestas y descontento de la población por diferentes motivos. Vale destacar, razones minoritarias en comparación a la actual crisis que atraviesa Venezuela.
Recuerdo que un día antes, el 3 de febrero, cumplió 13 años de edad uno de mis primos. Esa noche estábamos todos reunidos en casa de la abuela materna para cantar el “feliz cumpleaños” como acostumbrábamos con cada miembro de la familia. Una vez picada la torta, cada quien se fue y yo me quedé con mi mamá en la casa materna.
En la madrugada del 4F, mi abuela -quien dormía sola en su cuarto-, se despertó bruscamente porque sonó el teléfono. ¿Quién va a estar llamando en la madrugada? ¡Vaya susto! Era una señora que solo vociferó: “¡Hay un Golpe de Estado!” mi abuela respondió: “¡Usted está equivocada!” y colgó la llamada. No habían pasado ni 20 minutos cuando de pronto volvió a sonar el teléfono y era uno de mis tíos, Dimas Enrique, quien no solía llamar a nadie. “¡Mamá, prendan el televisor que hay un Golpe de Estado!”. Ahí sí había que creerle y enseguida mi abuela nos avisó a todos.
Una de mis tías, Isabel, prendió el TV y dijo: “¡Me pondré a planchar mientras que esperamos a ver qué dicen en la televisión”! Recuerdo que en la sala-comedor estábamos mi abuela, mi mamá, mi tía y yo, creo que mis dos primos estaban durmiendo. A los pocos minutos salió el presidente Carlos Andrés Pérez en la pantalla del canal del Estado, Venezolana de Televisión, confirmando lo que las dos llamadas telefónicas anteriores habían anunciado.
“Venezolanos, venezolanas, me dirijo a mis compatriotas en uno de los momentos más críticos de la historia de mi país y de los más difíciles en mi carrera de hombre público. Debo confesar que pese a toda mi experiencia y al conocimiento de la dramática historia política de Venezuela, jamás pensé que las pasiones personales o políticas pudieran desbordarse de manera semejante y que ya Venezuela podía mirar hacia atrás sin el temor de los incesantes desvaríos de la violencia tan comunes en nuestro proceso histórico. No ha cambiado mucho nuestra idiosincrasia, nuestra manera cruel de combatir sin cuartel. Ha revivido con fuerza indudable inquisitorial y destructor que no conoce límites a la aniquilación sea moral o política.
Reconozco con inmenso dolor esta realidad y no solo porque yo sea el mayor objetivo a quien se le reclama, a quien se le declara la guerra y se le quiere conducir al patíbulo, sino porque esto es un síntoma y signo de extrema gravedad de algo que no desaparecerá de la escena política porque simplemente se cobre una víctima propiciatoria. Esta situación seguirá afectando de manera dramática al país en los próximos años”, fueron las primeras palabras del presidente Pérez aquel 4 de febrero de 1992.
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El responsable de aquel suceso donde murieron civiles y no civiles –hasta la fecha no se sabe con exactitud la cantidad de muertos-, Hugo Chávez, irrumpió las pantallas de la TV venezolana en donde expresó:
“Compañeros lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. Es decir, nosotros acá en Caracas, no logramos controlar el poder. Ustedes lo hicieron muy bien por allá pero ya es tiempo de evitar más derramamiento de sangre, ya es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones y el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor. Así que oigan mis palabras, oigan al Comandante Chávez que les lanza este mensaje para que por favor reflexionen y depongan las armas porque ya de verdad los objetivos que nos hemos trazado a nivel nacional es imposible que lo logremos. Compañeros oigan este mensaje, les agradezco su lealtad y valentía y yo ante el país asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano. Muchas gracias.”, fueron las palabras de aquel golpista de la historia venezolana.
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Chávez cayó preso por este hecho. Posteriormente, vinieron otras elecciones presidenciales para el período 1993-1998 donde resultó electo por segunda vez el fallecido Dr. Rafael Caldera quien, le otorgó a través de un indulto, la libertad a Hugo Chávez.
Luego, en la siguiente campaña electoral para el período 1999-2003, uno de los candidatos fue aquel militar de boina roja quien intentó tomar el poder a la fuerza en el año 1992. Ganó las elecciones por arrase, un pueblo cansado de tanto abuso, creyó en él. Actualmente, todos los venezolanos estamos pagando las consecuencias de haber tenido a un militar como máximo líder de nuestra nación.
Hugo Chávez falleció en el año 2013, tras haber batallado con un cáncer fulminante. Meses antes de su deceso, designó a uno de sus hombres de confianza como el candidato presidencial en caso de muerte. Este hombre es Nicolás Maduro. El resto, ya todo lo sabemos.
El 4 de febrero de 1992 será una fecha que permanecerá en la memoria de todos. Una fecha oscura, una fecha de sangre, que quedó tristemente marcada en la Historia Contemporánea de Venezuela.
Hoy luchamos para cambiarle el rostro a este hermoso país para que vuelva a ser lo que una vez fue: próspero, lleno de oportunidades y de unión, características que nos robó el sistema de gobierno que se instauró hace 19 años.