“Los cien años de macondo sueñan. Con José Arcadio…” (Billo Frómeta)
En los hechos del bogotazo, mi esposo estaba matriculado en derecho. Cuando le disparan a Gaitán, Gabriel nunca hubiese pensado en la posibilidad de que a un hombre abaleado lo cubriera un enjambre de mariposas como años después le aconteció a Mauricio. Mi marido, meses antes de Partir a su encuentro con Arcadio y Úrsula me expuso la posibilidad, incierta, de que sus restos físicos descansaran concluyentemente en tierras de Cartagena. Frente al azul enceguecedor del cielo y las cabrillas del mar. Gabo alimentaba la posibilidad de ser trasladado; y en el terruño natal por centenares de rosas amarillas jugueteadas por las alas de miles y miles de mariposas, también amarillas, abundantes en el Macondo de finales de la estirpe Buendía. Espero que cuando los restos de mi esposo sean acunados en el regazo natal, departamento del Magdalena, la Polvareda cálida de estas tierras retoce briosa al batir de las alas de un ángel del Caribe.
Leo A.
Caracas, 26 de mayo de 2016