Las carnes son enjutas y cargan encima la inocencia y las deficiencias del fruto zocato. No es necesaria la astucia de las mujeres corridas; no no ¡no hay pa’ qué! Con solo poner las chancletas en el escalón de las catorce lo que viene es pingazo y pingazo parejo. Así es el sino de las niñas de por todas éstas rancherías. El montarral pone la libertad, la disposición: "la conseja popular que enseña que un vaso de agua no se le niega a nadie". Sin mirar el rostro de la muchacha, Pablita Mota doblaba de nuevo el lomo sobre el terronal con un manojo de gamelote en una de las manos. Mascullaba bajitico la tamaña atrocidad de ver esa muchachera desde jojoticas pariendo como acures y arrieritos.
Leo A.
Los Teques, 02 de octubre de 2017