Hoy quise hacer algo un poco distinto, contarles sobre mi experiencia de formación y práctica como Médico en Venezuela. Es muy difícil agrupar tantas vivencias tanto placenteras como un poco complicadas en estos diez años que llevo ejerciendo.
Desde pequeña siempre anhelé ser Médico, no se me ocurrió otra carrera mejor, mis juguetes más apreciados eran un estetoscopio Fisher Price y una muñeca que hacía de mi paciente. Esta profesión la volvería a estudiar una y mil veces; hay diferentes perspectivas sobre si realmente ser Médico es difícil o no, yo creo que no es imposible sino que más bien juegan dos factores vitales: la resistencia y la ruptura constante de barreras psicológicas con la que nos enfrentamos día a día.
Ingrese a Medicina al graduarme de Bachillerato, tenía casi 17 años, estuve un año estudiando para la prueba interna de la Universidad, que es bastante exigente, gracias a Dios quedé en la primera oportunidad dentro de la Escuela Vargas, un núcleo la Universidad Central de Venezuela, una de las casas de estudio más reconocida en mi país.
Generalmente, cuando le comentas a alguien que eres Médico, te empiezan a preguntar cuanta cosa se les puede ocurrir, desde: mi perro tiene cataratas hasta anoche tomé un té de moringa y me dio tos y luego bostecé ¿Voy a morir?
Ok, quizás exagero, pero desde el día 1 en la Universidad, cuando ni sabía como caminar en la facultad sin perderme, ya me llamaban las amigas de mi abuela para pedirme consejos sobre la hipertensión, diabetes, reumatismo y cuanta cosas se les ocurría...
El primer año, fue el primer filtro de la carrera, la mayoría de mis compañeros no lograron superar esta fase, otros decidieron cambiarse de facultad. Aquí amé Histología y Embriología, ver como partimos apenas de dos células microscópicas, es maravilloso, el manejo miniatura de todos los órganos era lo máximo. Salud pública es la materia que más odié durante los 6 años de carrera, oir a una persona hablar sobre datos estadísticos y epidemiológicos definitivamente no era lo mío, siempre me dormía en estas clases, porque además eran justo a las dos de la tarde, luego de almorzar en un auditorio oscuro.
Mi primer cadáver.
La clásica pregunta: ¿Ya viste a un muerto? Sí, casi desde el primer día de facultad. El fuerte olor a formol siempre evocará en mi memoria, la que fue mi primera clase de anatomía, cuando estrené el bisturí.
Y si pensabas que las arterias eran rojas y las venas azules como en los libros, te cuento que en los muertos todo se ve gris, lo único que resalta es la grasa que es tan amarilla como papitas de Mc Donalds.
Durante los primeros años no me quitaba la bata ni para dormir, supongo que era la emoción o algo así, después entendí que esto no era adecuado y poco a poco la dejé solo para el ambiente hospitalario. Me encantaban los exámenes escritos, siempre odié los orales, sin embargo a lo largo de la carrera fueron tantos los exámenes, que al final aprendí a defenderme en ambos (lo siento, soy una galla).
En segundo año vimos dos materias bastante fuertes: fisiología que hablaba sobre el manejo normal del cuerpo humano, donde muchos de nuestros amigos aplazaron, casi se puede decir que en fisiología pasa solo un 10% de todos los cursantes; e inmunología que trata sobre el sistema de defensa del ser humano y cómo este se defiende ante agentes patógenos.
En tercer año dimos un gran paso, porque empezábamos a ver pacientes, hacíamos historias clínicas, ya nos llamaban doctores. Tuvimos grandes maestros como la Dra. Erika Iriza y el Dr. Wuani. Aquí los exámenes empezaban a ser con pacientes de verdad. Y si no sabías algo, obviamente pasabas pena con el paciente, incluso a veces con los familiares, lo que hacía que nos preparáramos mejor que nunca para evitar esto.
En cuarto año atendí mi primer parto, fue demasiado emocionante recibir a un ser tan chiquitico, es difícil poder contar esta experiencia en palabras. Tanto en cuarto como en quinto año hacíamos guardias, súper agotadoras pero gratificantes.
Quinto y sexto año, fue el momento que empezamos a ser responsables de vidas. Recibimos regaños, gritos y malos tratos por parte de médicos superiores, quienes eran azotados por el estrés causado, entre otras cosas, por estar de manos atadas ante un sistema de salud con una escasez de recursos cada vez más preocupante.
Es frustraste ver como se pierden vidas humanas por no tener terapia intensiva, antibióticos o cualquier otro insumo indispensable para garantizar el derecho a vivir.
No estudies medicina si:
No te gusta leer en cantidades industriales. La organización, investigación y el estudio son imprescindible.
Si la gente no es de tu agrado, tampoco la estudies, así seas Forense o Patólogo, día a día vas a tratar con personas. Mucha gente huele mal, las secreciones serán parte de tu vida y tarde o temprano debes lidiar con ellas.
Siempre vas a tener que hacer sacrificios, pasarás días feriados de guardia, cumpleaños en quirófano y fin de año atendiendo partos. Aunque suene exageración la vida de estudiante es así.
Hay semanas que solo dormirás pocas horas, las ojeras te mimetizarán en una manada de pandas. Sin embargo, el agradecimiento del paciente y el poder mejorar su calidad de vida lo vale.
- Si lo haces por dinero, sal corriendo, para empezar a ver el primer pago, pasarán muchos, muchísimos años.
Muchas veces quise salir corriendo de la carrera, sin duda fue la mejor decisión aguantar. Si alguno de los lectores está estudiando Medicina mi mejor consejo es: No te rindas, muchas veces vas a tener que tragar fuerte, pero la sonrisa del "gracias Doctora". por salvarme la vida, valdrá siempre la pena.
Momento más WTF
El recién nacido tuvo que ser trasladado a un hospital principal, porque había ingerido agua directamente del sanitario, días después nos enteramos que tanto la chica como el bebé se encontraban estables.
Los mejores momentos
- El grado de Médico General:
- El grado de Médico Oftalmólogo:
- Sin duda la sonrisa y el agradecimiento de paciente, traspasa las puertas del hospital y hace realmente placentero todos los sacrificios por los que pasamos durante la vida de estudiantes.
Fotos y texto propio tomadas con cámara de celular Samsung Galaxy 3.

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