Perdido en la inmensidad de la distancia de nuestras miradas, halle un sentimentalismo enorme por ti, ese choque de emociones que solo tu podías hacerme sentir era una virtud que caracterizaba nuestras vivencias juntas. Me encantaba pensar que esto sería eterno, que seriamos iguales y desiguales al mismo tiempo, pero que al final de todo nuestras emociones coincidían y se hacían cada vez más grandes y perfectas dentro de todo el desastre que nos rodeaba.
Quizás solo fue una pizca de estima lo que nos hacia sonreír el uno con el otro, nos complementábamos de mucha locura impulsiva y dejamos perder la cordura en muchas ocasiones.
Todo está cambiado, tildado de diferencia, huimos por caminos diferentes pero nos sentimos atraídos aunque estemos distantes y alejados, la vida nos ha separado por distintas adversidades promulgadas de malas decisiones y embestidas del destino.
Lo habitual perdió el significado, las situaciones se han transformado y han sido salpicadas de odio, disgustos y batallas distintas. Todo quedo atrás y por morales inculcadas, nacieron vacíos y algunos precipicios inesperados.
Aquello quizás fue amor, o solo una ilusión causadas por toda la dopamina generada por nuestros sentimientos. Ahora solo nos toca extrañar, recordarnos algunas veces y tratar de olvidar lo que sentimos.
La injusticia emocional no tiene juzgados de apelación. Somos los propios jueces de lo que sentimos, de lo que vivimos y de lo que queremos que nos rodee.