Me perdí en una línea infinita, en un vacío eterno, lleno de pequeños focos de luz, hace frio, algunas veces mucho calor. Mi nave averiada se encuentra en un cráter de rocas sólidas y lava latente de fuego abrumador. Floto sobre superficies áridas y entre la lluvia cósmica de este planeta de sombras. Unas veces siento que es el final, otras veces creo en mi eternidad.
Con facilidad pierdo toda esperanza, mi radio comunicador emite muchas señales, la recepción es muy escasa, parece que le he dejado de importar a la naturaleza, pero la vida no se frena, sigue inminente como una flecha.
Poco a poco me estoy adaptando a que siempre sea de noche, a lidiar con meteoritos y estrellas fugaces, luces de neón y días interminables. A veces suelo ver a los anillos de Saturno rodearte, sigilosa entre el rojizo Marte y a veces tan lejos como Plutón en el olvido...
Me alimento de mis temores, de trocitos de luna y muchos colores, me encuentro bien, aunque a veces nada es como debería ser. Quizás perdí mi rumbo, pero no me detengo porque me encantan los nuevos mundos sin conquista, tan únicos e incomparables, llenos de matices y sueños platónicos.
Tal vez me extravíe en esta galaxia, capaz y solo es mi visión de una fogata abismal, o es mi imaginación que perdió la cordura y me encuentro extrañándote como Júpiter al sol, como la noche a la luna o quizás todo esto es muy extraño como una primavera llena de lluvia.