Hoy, mientras escribo este post, se está llevando a cabo en Caracas, la marcha del orgullo Gay. Un segmento de la población históricamente invisibilizado y marginado, por años catalogados como "enfermos" por las organizaciones internacionales que rectorizan el tema de la salud, maltratados y vilipendiados, incluso hoy, hay gente que estigmatiza la realidad de que alguien pueda enamorarse de personas de su mismo sexo. Yo, personalmente creo que no es preciso que el entorno lo entienda o lo acepte, con que no se entrometa es suficiente.
No obstante, soy de los que piensa que esa comunidad (o algunos de sus activistas más notables) a base del deseo de querer incluirse han acabado segregándose a sí mismos. En lo que respecta a Venezuela, hay mucho camino recorrer en lo que se refiere a los derechos civiles de ese colectivo, que no son distintos a los derechos que tiene cualquier persona por el simple hecho de ser eso, personas, pero poco a poco, las prácticas históricas -en mi opinión- han conseguido el efecto contrario. Yo busco una sociedad donde no sea importante la orientación sexual para definir el rol dentro dentro de la misma, donde no importe de quién se enamora la gente, qué o con quién disfruta de su intimidad para identificar el sitio que ose ocupa en el entorno. Un mundo donde nadie sienta vergüenza por ser diferente y donde a nadie le parezca un tópico a destacar en una persona. Esa es una gran aspiración.
Por eso he estado siempre en contra de los "espacios" reservados para el "ambiente", rompen el principio de igualdad, segrega a la comunidad y acostumbra a la sociedad a que hay sitios donde el colectivo LGBTIQ+ convive, lo cual se encuentra contra la naturaleza de la humanidad. Las personas que se identifican como sexogenerodiversos no dejan de ser personas. Las discotecas de ambiente, las playas y/o viajes para personas del colectivo, eran prácticas aceptables para la época en que ser (lo que no se decidió ser) era incluso un delito. Hoy, aunque de facto, esa realidad está normalizada, y esas prácticas segregan, clasifican, categorizan a personas que viven el amor y la sexualidad de una manera distinta a lo que hasta hace poco se consideraba "normal". La pregunta que cabe ahora es, en cualquier ámbito de la vida ¿Qué se considera normal? Tal vez no haya respuesta apropiada, pero por un lado la aceptación, por otro lado el respeto y como resultado una sociedad feliz.
Es fácil escribirlo. Pero, ese colectivo sabe que las luchas que les ha tocado librar les ha dejado un legado de torturas, estigmatización, segregación, discriminación y mientras los estamentos jurídicos no hagan valer la "igualdad" de la que pregonan las democracias, de alguna forma seguirán en la sombra. Por ello, que la marcha se realice, reivindica esa lucha, reivindica esa necesidad de salir de las sombras jurídicas y los limbos burocráticos en lo que los Estados heteronormativos (que en algún momento se autoproclaman progresistas) los han hecho transitar. Pero a la luz de la realidad mundial, no hay nada más progresista que reconocer que independientemente del tratamiento que se le da a la intimidad y a los sentimientos, TODOS los seres humanos somos y debemos ser tratados con igualdad... Al final, bien lo dice un personaje de ficción "Nos enamoramos de almas, no de genitales".