La vida es como un reloj de arena:
Para continuar, a veces debemos darle la vuelta.
Tomaré una pausa de mis artículos comunes que giran en torno a Steemit y nuestro mejoramiento en la plataforma, para compartirles una reflexión sobre mi propio modo de pensar, en cuanto a esos momentos en los que solo necesitamos desprendernos de todo a través de una lágrima.
Sin ánimos de menospreciar al resto de la comunidad, quiero dedicar este post a los lectores que me siguen de cerca. Quizá ustedes me comprenderán mejor.
Hay días en los que solamente nos podemos regocijar en nosotros mismos, encontrando la paz entre nuestras manos. Algunas personas se rehúsan a aceptarlo, como si la soledad aparente de esta conducta, transgrediera los límites establecidos por la sociedad.
No es así. El tiempo consigo mismo es uno de los placeres más gratificantes de la vida, porque durante ese espacio podemos darnos a la tarea de la autocrítica y el crecimiento personal sin vernos influenciados por agentes externos que malogren la imagen que se tiene de sí mismo.
Llorar es una de las respuesta de nuestro organismo cuando nos vemos en situaciones de estrés extremo. En ese momento, el cuerpo traduce nuestro conflicto en una manera de drenar malestares lo cual libera mente y alma por igual.
Aunque no signifique, pragmáticamente, la solución de nuestros problemas, llorar es una pausa del ser mismo para repensar con cabeza fría las oportunidad de enfrentar aquello que tanto nos preocupa.
| Existe una analogía perfecta para demostrar lo expuesto: |
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Cuando estamos enfermos de alguna intoxicación, las defensas del cuerpo generan espasmos internos para que vomitemos aquello que nos está generando el malestar. Sucede incluso tras una noche en la que nos hayamos pasado de copas; el organismo siempre encuentra maneras de librarnos del embrollo.
Después el vómito, viene un tiempo de refracción en el cual el cuerpo recupera fuerzas al tiempo que nos dopa. Por eso es que tras regurgitar, nos sentimos somnolientos. Si lo piensan cuidadosamente, lo mismo sucede cuando lloramos.
Luego de una larga jornada de llanto, el sueño es el único reparador. Nuestras ideas se aclaran y nuestro organismo se alinea para enfrentar con creces las vicisitudes del próximo día. El llanto se nos presenta como una alternativa para aliviar el malestar que tanto nos angustia y ayuda a sobreponernos, sin más requisitos que nuestros ojos, a situaciones de brusca inestabilidad mental (obviamente me refiero a circunstancias no clínicas).
Al final, parece que llorar tiene más beneficios que aguantar las ganas de drenar nuestros sinsabores con dicha práctica, ¿no lo creen? No soy experto en temas de luchar contra la depresión o los malestares en general, pero de algo estoy totalmente seguro: unas lágrimas en el momento oportuno valen más que la carga de un resentimiento que castigue de por vida.
"Las lágrimas derramadas son amargas, pero más amargas son las que no se derraman"
Proverbio Irlandés.