¿Es la felicidad algo utópico?, ¿algo que es algo difícil de conseguir y que cuesta trabajo, esfuerzo y sacrificio?. Tener una vida feliz puede ser muy difícil, pero hoy os voy a dar unos consejos con los que veréis que en realidad la felicidad es algo muy diferente a lo que todos creemos.
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Pensamos que ser feliz es tener todo lo que uno quiere, amigos, dinero, salud, pareja, etc... Pero casi siempre que conseguimos aquello que nos proponemos, justo después de ese sentimiento de satisfacción personal y de realización, viene la crisis existencial.
Puedo aseguraros que hasta el más rico de los ricos se ve sumergido en este tipo de crisis, hasta el que lo tiene todo, alguna vez ha caído en la trampa de la tristeza. Cuando tenemos una crisis existencial significa que hemos profundizado hasta los más oscuros rincones de nuestra alma, dándonos cuenta de que nuestra existencia es efímera, de que todo es pasajero y de que un día, tarde o temprano dejaremos de existir. Cuando sucede eso, la felicidad se vuelve algo totalmente distinto de la felicidad materialista que nos dan las posesiones y nuestras relaciones.
Cuando hablo de la felicidad, hablo también del amor, pero no del amor con minúsculas, sino del AMOR con mayúsculas, ese sentimiento de unidad e integración con todo lo que nos rodea. Aunque vivamos en la más profunda pobreza u oscuridad, nosotros tenemos la llave de la felicidad. Siempre digo que la felicidad está dentro de nosotros, aunque a veces no la dejemos salir.
Cuando nos hacemos ilusiones, cuando queremos que el futuro sea de una forma determinada, cuando en nuestras relaciones las personas no se comportan como nosotros nos imaginamos, o incluso cuando creemos que nos conocemos pero al final por las cosas que nos pasan terminamos dándonos cuenta de que no era así, casi siempre nos veremos defraudados ya que el futuro nunca es como nos imaginamos. Hacer planes, pensar que algo debería ser de una forma solo condiciona la mente a pensar de esa forma rechazando todas las demás posibilidades, por lo que al final cuando el hecho sucede de manera distinta a la que nosotros nos habíamos imaginado, es cuando la felicidad se convierte en tristeza y depresión.
Al dejar de pretender cambiar lo que pasa a nuestro alrededor y solo cuando somos uno con todo lo demás, aceptando "lo que es", sin intentar cambiarlo por "lo que debería ser", es cuando no nos vemos afectados por estas cosas que al final no salen como queremos. No digo con esto que no haya que querer cambiar el futuro (el cambio es lo único que existe), pero nuestra manera de intentar cambiar las cosas no siempre es la mejor.
Una vez que conseguimos llegar a sentir esa aceptación con todo lo que es, es cuando dejamos de proyectar nuestras necesidades en el mundo que nos rodea. Es solo entonces cuando el universo conspira para darte lo que de verdad mereces...