Bajo la oscuridad perpetua, fiel compañera de mí andar recorro este vasto imperio, silente y vigilante me mantengo en guardia constante de su paz y prosperidad, defendiendo a mí señor feudal he jurado no doblegar hasta llegar el final.
Mi destino está sellado desde aquél gélido invierno cuándo en ley de juramento elegí seguir la senda del guerrero. ¡Mí espada! mí amiga fiel, ¡mí alma y fe! hecha palpable para impartir su credo.
El sutil toque de su acero ¡SEGA! las rebeliones en contra de nuestro imperio, uno tras otro caen a mis pies los incrédulos enemigos, exhalando su último aliento mirando el filo de mí alma y mis ojos incandescentes que lentamente ve como se extingue su mirada.
En silencio sepulcral elevo una plegaria al ver los cuerpos destajados por mí mano. Digno final que han tenido al ser lo último que vieron mí filo. Sé que un día llegará mí destino y en ferviente razón llegará sin retiro.
Mi espada en reposo sereno aguarda el destinó que me espera, pues ya pronto me toca sentir el sutil toque de tu acero. Con la esperanza de a ver tenido una vida digna, sin apartarme de la senda del guerrero. Doy mi vida cual flor de loto se cierra el llegar la noche fría.
Los cinco agregados de mi forma pasajera y sus cuatro elementos vuelven a la nada.
Ofrezco mi cuello a la espada desnuda, cuyo tajo no es sino una ráfaga de viento.
Escrito inspirado en un poema japones
Poema