Y sentí la imperiosa necesidad de expresar mi tristeza, melancolía.
No encontré otro lugar, solo la inmensidad del mar y llore un rio.
El mar comprendía esa tristeza y me respondió con cada ola.
De rabia hirvió su genio y elevo su disgusto hasta cielo, y el cielo no se contuvo y me acompaño en mi sentir.
Ahora juntos cantamos la canción, ola, viento y yo cantamos en desesperación.
Llega el acaso, luego la noche fría. Tranquila… mañana habrá un nuevo día.