Han pasado varias semanas desde que una amiga me envió el link para ingresar al grupo de whatsapp de HIVE, sin ninguna explicación al respecto. Esperé que iniciaran los chats y aunque al principio me pareció más de lo mismo, esperé, hubo varios intentos de vaciar los mensajes e incluso de abandonar el grupo. Algo me dice que es una buena oportunidad, me gusta leer y le estoy tomando gusto a la escritura. Ayer leí un artículo sobre disciplina y sentí que me daban donde me dolía que estaba siendo demasiado indiscipinada y con esta actitud no voy a llegar muy lejos. Esto me impulsó a leer todos los mensajes del chat y entender un poco la dinámica de HIVE y el mundo del Blockchain, al cual le he estado dando la espalda desde hace un buen tiempo, quizá por miedo a lo desconocido. Hoy decidí lanzarme a la aventura y comenzar a escribir.
Esta soy yo en un bar en Kennesaw, Georgia.
Mi nombre es Luz Marina Rojas, nací en Carúpano, ciudad del Estado Sucre, Venezuela por allá por el año 1980, lo cual me convertirá en cuarentona en tiempos de cuarentena. Hija de un docente y una enfermera, única hembra entre 3 varones, quienes por cierto tienen los ojos verdes, siempre me he preguntado por qué los varones tienen los ojos verdes y yo no?. Cosas de la genética que nunca voy a entender.
Mis 3 hermanos conociendo a Lucia al nacer.
Para mis padres, como la mayoría, la educación y formación académica revisten una gran importancia, ya que es la única herencia que nos pueden dejar, por ello siempre se esforzaron por darnos educación, con la meta de vernos “graduados”. Como ingrediente adicional, mi papá no quiso que ninguno de nosotros estudiaramos en Carúpano, porque en aquel entonces las opciones eran escasas.
Salí de mi casa a los 17 años, con el cupo para estudiar Ingeniería de Petróleo en la Universidad de Oriente, ya había presentado la prueba de admisión y quedé seleccionada. Después de iniciar el primer semestre, llegó el resultado de la OPSU, donde me asignaban el cupo para estudiar Medicina a partir de Septiembre, ya había comenzado por Ingeniería y sentí que no debía perder más tiempo. En este punto no sabía si me gustaba una carrera o la otra. Al principio fue duro, el nivel académico era pobre, aunque tenía muy buenas calificaciones en bachillerato, en el primer semestre de la universidad me quedó Matemáticas I y Física I la pasé en reparación. Realmente traumático para una alumna excelente durante todo el período académico previo, sin embargo seguí, odiando a las matemáticas, pero seguí luchando contra la marea. Ya al llegar a ver materias de la carrera me sentí más cómoda y hasta me gustaba la broma.
Por fortuna, mientras hice las pasantias conocí mucha gente que luego me ayudó a conectarme en mi primer empleo y los sucesivos. Había finalizado el trabajo, solo me faltaba presentarlo y se aproximaban las vacaciones, no tenía sentido quedarme en Puerto la Cruz a esperar. LLamé a un amigo para despedirme y me ofreció trabajo, por ser una persona de esas que siempre andan haciendo chistes, no lo tomé muy en serio, sin embargo, le dí mi CV en un disket, ya que no lo tenía impreso. Para mi sorpresa, un mes más tarde estaba trabajando.
En ese tiempo de espera para las pasantías, pasaba tiempo en casa de mis padres y volvió quién fué mi primer novio a merodear, bueno, él siempre andaba al acecho, pero yo por haber sido quien le terminó y por temor a su venganza no le paraba. Hasta que un dia decidí que nos debíamos dar una segunda oportunidad. Estuvimos saliendo un tiempo y llegaba el momento de formalizar, estabamos viejos para andar escondidos. En mi casa él no era bien visto, pero bueno, no somos moneda de oro para caerle bien a todos. Al decirle a mi papá me dijo: “les doy un año para casarse, ya vas a dejar la brincadera”. Pasó más de 1 año y si nos casamos en una hermosa ceremonia.
En un Paseo por los Páramos Merideños.
En plena faena en la Selva Boliviana.
Fuimos avanzando en nuestras metas, carro, casa, trabajo y ya era hora de tener hijos, pasaron varios años de intentar, probamos de todo, posiciones, botellas, tratamientos de fertilidad, etc. Después de una pérdida, buscando retomar los tratamientos de fertilidad nos dimos cuenta que venía en camino quien es hoy nuestra primera hija, Lucia Isabell, ya tiene 8 años y tiene mucho parecido conmigo físicamente.
En Ciudad Bolivar a mis 7 años.
Lucia preparada para ir a un cumpleaños, tenia 6 años.
En el año 2018 ya la economía del país nos estaba preocupando, los negocios fueron bajando su rentabilidad y cada vez se hacía más difícil obtener los insumos. Renuncié a mi último empleo y cerramos el negocio, vendimos algunas cosas y nos fuimos a aventurar a Argentina. Yo de 37 años y mi esposo de 43 años, Ingeniero de Petróleo y Diseñador Gráfico, con pocos recursos para hacer una inversión, se nos hizo sumamente difícil avanzar. Antes de agotar los recursos tomamos otro rumbo, esta vez significaba dejar a nuestra hija en Venezuela con mi madre para ir los 2 al Norte. Allí estuvimos unos meses, pero a la ecuación le faltaba una variable.
En nuestro paso por Argentina, Rosedal de Palermo, Buenos Aires.
Una experiencia inolvidable en el Estadium Sunpark de los Bravos de Atlanta, Marietta, Georgia.
Ahora nos encontramos los 3 en Venezuela, en medio de esta incertidumbre. Y para ponerle un poco más de dificultad a la cosa, volvimos a Carúpano, de donde yo había salido hacía más de 20 años y mi esposo mas de 12 años. Nos corresponde comenzar de nuevo pero con las herramientas que nos han proporcionado todas las experiencias vividas. Es un reto grande, sin embargo estamos dispuestos a asumirlo.
Carnavales Carúpano 2020
Cerro Monserrate, Bogotá, Marzo de 2020
Mi paseo por HIVE lo tomaré como uno de esos viajes que he realizado, les contaré de mis vivencias, anécdotas, vida de familia, experiencias en el ámbito laboral y algunos de mis hobbies, que son la repostería y las manualidades.
Me despido por ahora agradeciendo el apoyo y la paciencia que han tenido los amigos de @Rutablockchain y a por facilitarnos la entrada a HIVE con la creación de la cuenta. Espero aparecer pronto por acá nuevamente.