Cuando comencé a trabajar en la cocina de la casa grande, el señor De la Fuente comenzó a perseguirme.
Era un señor muy rico y con todos sus caprichos cumplidos. Yo soy pobre, negra y para mi desgracia muy bonita.
Él creyó que su dinero me iba a conquistar. Le dije que no, cuando me invitó a su cuarto. "Búsquese una mujer de su clase y de su edad, le contesté"
Eso fue mi perdición.
Un día se metió en mi pieza y me hizo suya por la fuerza.
Comenzó a venir todas las noches, intenté escaparme de la casa varias veces, pero me encontraba y me traía por la fuerza.
Quedé embarazada. Pero al nacer mi muchachito me lo quitó y lo entregó a la familia Campos dela capital.
De esto hace dos años.
Fui almacenado odio, un odio tan grande que renovó en mi memoria las historias que había conocido de chica sobre la magia negra.
Recordando los conjuros, preparé el fin de don Federico.
Una noche de las tantas en las que se metió en mi pieza, lo emborraché y una vez dormido, con una jeringa le fui dando el brebaje.
A las cuarenta y ocho horas, cayó redondo al suelo, nadie pudo explicar, lo qué causó su muerte.
Usted se preguntará, ¿por qué si logré despistar a todos, ahora le cuento esto a usted, que es un juez de la nación?. ¿Por qué hablar de lo que ya está muerto y enterrado?
Sólo usted tiene el poder de encontrar a mi hijo.
Señor juez, no me importa ir presa, pero quiero verlo, tenerlo una vez en mis brazos y que sepa que su mamá lo ama y no lo abandonó.