Hasta finales de octubre tengo previsto centrarme en mis primeros diez años.
Son más de las doce de la noche. He cumplido la misión de este fin de semana. A partir de mañana y hasta el sábado puedo estudiar, aunque a partir del jueves puede que la cosa esté movidita porque ese día está previsto que vaya con mi hermana a comer y después la visita a Alba y su bebé, para lo cual he de ir antes a Marbella a comprar una ropita. El viernes es lo de la feria y el sábado lo de La Cala y, si mañana no vamos a la granjita de Beatriz, el domingo veinticuatro toca ir a casa de mis padres.
Viernes, 29.
Acaba de comenzar este día, bueno, lleva un par de horas. No vino la catalana y he de pasar de esta chica un poco, como de otras personas.
El concierto de la feria, con alcalde incluido, estuvo grandioso, paso por alto comentar nada de que me hicieron dejar el coche en La Rosaleda, un absurdo, uno de los managers. El ambiente de La Cala me gustó más.
Alba tiene una bebé y una casa preciosas aunque esta un tanto oscura. Me dio un poco de corte no llevarle ropa de la tienda de Marbella que la vende de marca y tener que llevarle ropilla graciosa de Kachanga. Beatriz me llevó a un buen restaurante del Parque Tecnológico que está en la Guía Pichelín. Alba recordó que durante mucho tiempo tuvo pesadillas con el ascensor del bloque donde vivíamos: que no paraba en el segundo, donde ella vivía, sino que seguía y seguía y eso es quizá porque nos íbamos a contar historias de miedo al último piso y estaba la puerta de la máquina del ascensor con una pegatina de una calavera. Había allí también una ventana cerrada a cal y canto que daba a la azotea y que lo mismo todavía tiene vistas al mar si otras construcciones más altas no lo impiden.
Me he sacado el carné de paro y he pedido la prestación de desempleo que llegará para octubre.
Ayer quedó Robe con uno de los vientos de su grupo en Fuengirola para hacer una grabación, Augusto. Pensaba que su mujer estaría con su bebé para que los tres nos fuésemos a tomar algo, bueno la madre y yo, pero era temprano y hacía calor y ni ella ni su bebé estaban, entonces me preguntó el viento si quería ir con ellos al estudio y miré a Robe y esté me miró con una cara endemoniada que “pa” qué y contestó que yo estaba loca por ver al bebé lo cual no era tan cierto, esa tarde en la que solo le hubiese llevado, dejado con sus colegas y yo marchado a casa. Entonces el viento me sugirió que podía ir con ellos y, cuando quisiera, una joven que acababa de llegar, Tomasa, me llevaría a la casa de Desi, su mujer. La grabación era de una versión de un tema de unos treinta años. A la hora, Tomasa sugirió ir a la casa de Desi, por el camino me contó que a quien más conocía era al viento, Augusto, aparte de a los muchachos del grupo heavy que para su tercer disco habían pensado en hacer cuatro versiones de temas legendarios de rock andaluz. Desi no estaba, así que nos quedamos a cenar pescaito frito con pan.
Dentro de dos semanas van a grabar una versión con el cantante Chico Ordóñez y Robe quiere ir, no sé cómo me pillará el cuerpo pero creo que debería dejar de inmiscuirme, por así decirlo, en los flirteos de Robe, como el que preveo para el veintiséis de septiembre con una de las ayudantes de camerinos, María, a la que conocí en La Cala. Los celos me matan y yo quiero acabar con ellos. Como que quiero estudiar.
Hoy he limpiado la casa así que mañana no tengo excusa. La otra noche bajé al Coreche y alguien me empezó a pitar desde una moto, iba acompañado, llevaba casco, no reconocí al fontanero, Ávaro, hasta que me llamó, lo mismo le mando un mensajito a comienzos de septiembre por si requiere mis servicios... administrativos.