(La foto, como el 99% de las que en Steemit comparto, es mía. En este caso es un autorretrato del siglo pasado, cuando viví en Londres, retocado hace unos 6 meses con los filtros de mi Smartphone e Instagram. Nada de Photoshop. Sigo con mi 1ª novela que, junto a las 7 restantes encuentras en http://www.bubok.es/autores/BOKUSU )
Domingo, 31.
Cinco y veinte de la tarde.
Hoy Robe recordó cuando se reunía con los “clochards” debajo de un puente del Sena. Tendría un cuarto de siglo y yo unos siete añitos. Con esa edad yo estaba en segundo de EGB y mis amigas eran Mari Carmen e Isabel, más o menos de mi edad.
Un día Isabel me incitó a que nos metiéramos debajo de mi cama a darnos besitos –que no iba a pasar nada dijo porque éramos niñas- y nos pillo mi madre, le dije que jugábamos. Desde casi esa época no sé nada de Isabel. A su hermana, Brigitte, la vi hace unos añitos en navidades, en un puesto de los hippies del Paseo del Parque. Eran las hijas de una belga y un malagueño emigrante. Una noche vi que habían ganado un premio por un jua (monigote que se hace para quemar el día de San Juán) que representaba a una sirena, para lo cual no estábamos preparados pues siempre contenían un elemento gracioso, picante, burlesco: que si un jua midiendo una zanahoria que sobresalía de la entrepierna de otro jua, que si la representación de la entrada del golpista Tejero a las Cortes, con tricornio y zanahorias auténticos. Hay una foto en la que mi padre sigue la costumbre de saltar un fuego y recuerdo que se quemó un poquillo la punta del zapato y, menos mal, que no tropezó y se achicharró entero.
Trato de recordar fotos de esa época, si tuviera mi casa las tendría conmigo, al menos las que hice, sobre todo, desde los veinte. Recuerdo que mi padre nos fotografió, a mis hermanos y a mí en el Parque Alborán, nos dijo que las verjitas que rodean los jardines y la decoración de las entradas y salidas de los aparcamientos las hizo él. En una que sale solo mi hermano bajando las escaleritas, prácticamente a gatas, se le ve la cara con puntitos morados y no es porque yo hubiese decorado las fotos, como ocurrió con otras para espanto de mi madre, sino porque tenía viruela, o varicela, y el morado es de la medicina.
Hoy fuimos a por el periódico, nos tomamos un sombrita, que es como se llama en Málaga al café con poca leche. Robe y Milton tiraron para un merendero, chiringuito, de lujo y yo a coger la toalla, saludarles e irme a la playa a leer el suplemento del Pai-pai y a Don Quijote, capítulo XXII, aunque creo que para mí como el de la pastora Marcela, el XIII, ninguno. De vuelta me los encontré en casa y a Robe un poco ebrio o malhumorado no sé por qué o sí, y es que sospecho que ya va haciendo menos calor y le apetece darse una vueltecita de una semana por el centro, por Málaga, a ver a solo él lo sabe.
Desde el último punto hasta aquí han transcurrido casi cuatro horas en las que he paseado con Milton, solo media, y he meditado y me he proyectado hacia el futuro un par de horas, también he percibido raro a Robe, no digo diferente digo raro, como canta, o cantaba, Fito.