La búsqueda me lleva por unas reproducciones como la de “El Calvario” de Andrea Mantegna, cuyo original se encuentra en el Louvre donde, en mi única visita hasta el momento, en el año de la Expo de Sevilla, no llegué a entrar. Además me lleva por “El Pelele”, donde se puede ver a unas señoras que mantean, con gesto delicado, a un pelele que representa a un señor y que es un cartón para tapiz, de Goya, que no sitúo, recordando, en el Museo del Prado aunque allí se encuentra y allí estuve con Ezequiel hace cinco años y antes, mucho antes, con mi familia. También me entero de que una manta no es solo lo que se ve en este papel o en el cartón para tapiz, sino que una manta es, o era, un parapeto de defensa. Para mí es curiosa esta búsqueda porque me pasea por algunas hojas y me detiene en otras como cuando he visto la palabra “Manes” o “Maniqueo” y leo que este fue un religioso persa, fundador de la secta de los maniqueos, que no se sabe muy bien cuándo nació, algunos suponen que en el doscientos dieciséis y se dice que murió en el doscientos setenta y seis y que enseñó sus doctrinas bajo la protección de Sapor I, que distinguía como el Mazdeísmo fue una religión de la antigua Persia, llamada también Zoroastrismo, que se basaba en el dualismo del principio del bien personificado por Ahura-Mazda (Ormuz) y el del mal, personificado por Arriman y tenía un libro sagrado, el Avesta.
Manes es también, en la mitología romana, las almas de los muertos y es un concepto que acabó confundiéndose con el de “lares” y “penates”. “Lar” y “penate” provienen de la mitología romana, son cada uno de los dioses de la casa o del hogar.
Más de una vez he oído decir que no hay dos sin tres, así aprovecho para transmitir lo tercero que puedo acerca de Manes: el último espectáculo que vi en Málaga el diecisiete de enero de este año, de la compañía teatral La Cura De los Toros. "Manes: espectáculo público de hechos privados", transmitieron. "Manes… una invitación al mundo de los sueños donde los gallos, hartos de esperar la salida del sol, se han convertido en pollos."
Un día después de dicho espectáculo escribí una carta a Marina, la mamá de Candelita, una mujer que conocí en el teatro Garrick de Londres, a su casa en las islas Canarias. Marina es, no solo físicamente, particular, es muy bajita y bien formada, tiene los ojos azules, del azul del Atlántico a donde ella pertenece no solamente porque viva en las Canarias sino porque nació en el País Vasco, en un pueblecito llamado, en castellano, como el Toulouse francés, donde, en cierta ocasión, pasé cuatro días invitada gracias a un encuentro de dibujantes de comics europeos, no en Tolosa, se entiende. A Marina le gusta más el viento que la lluvia, le gusta el sol, le gustan los colores de la mar y no le importaría ganarse la vida plantando zanahorias, aunque ahora se dedique a vender collares, pulseras, anillos… en un pequeño local de Lanzarote. Hace una década y media, cuando rozaba la mayoría de edad, se ponía a hacer dedo, auto-stop, con una amiga y se iban del pueblo a la costa mediterránea, a Salou o por ahí, y se metían en juergas flamenca.
Ahora, piensan algunas mentes, por culpa de la televisión, piensan otras, que una mujer, una joven haciendo dedo se puede arriesgar a que les pase lo de las chicas de Alcasser que, para los/as afortunados/as que no conozcan el espeluznante caso mejor que ni se lo imaginen y en paz.
Piensan algunas mentes y transmiten miedo.